jueves, 15 de diciembre de 2011

Hemos acudido el equipo al completo de voluntarios que últimamente formamos Mariluz y yo. Se agradece la compañía. Del personal de MC, sólo Belén, la sicóloga. Eso sí, con casi media hora de retraso por causa que, al parecer, resultaba justificada. También ha estado con nosotros un rato Lourdes antes de subir a la CiberCaixa. Como hecho destacable, se ha pasado por allí Pilar que venía a recoger unas participaciones de lotería de la Fundación. Nos ha dado novedades sobre el estado de su hijo –que evoluciona favorablemente– y además de saludarnos nos ha dicho que quizás se pueda reincorporar con nosotros a partir del año que viene. No sé… me da la impresión, por lo que nos ha contado, que quizás sea algo prematuro, pero estas intenciones y ganas las interpreto en realidad como una manifestación del deseo de superar sus actuales, duras sin duda, circunstancias.

Se ha hablado del evento que tenemos previsto para la próxima semana: la tradicional entrega de regalos y visita de los empleados de las empresas colaboradores previa a la Navidad, en nuestro caso vendrá gente de IKEA. Lourdes, Mariluz y yo quedamos en coordinarnos para conseguir y llevar algún accesorio de fiesta o navideño. Nos acordamos de Pili y de lo que han sido años anteriores [Esperamos que vengas ;-)]. Lourdes nos ha puesto al tanto de los regalos que se van a repartir. Se trata de una especie de marionetas o manoplas de peluche que se han obtenido de las actividades que la Fundación ha llevado a cabo en IKEA y en las que ella ha participado.

El resultado de hoy ha sido muy positivo por las actividades realizadas y para el ánimo: divertido, provechoso y buenas sensaciones al finalizar. En esto coincidimos los dos. Hacía tiempo que no teníamos un día con tan buen ambiente general y compensa de alguna forma el desastre de la semana pasada o, por lo menos, ayuda a superar el profundo malestar que genera una metedura de pata tan profunda como la que sufrimos una semana antes.

Seis intervenciones en seis habitaciones y con tres habitaciones más en aislamiento: cinco bebés y un niño de 12 años. Con el listado de habitaciones y ocupantes que nos entrega B y que proporciona el hospital empezamos la ronda. Al concluir tenemos dos casos que sobresalen y que marcan en gran medida el resultado final: Aurora y Daniel P.

Aurora es una niña de carita guapa y de aspecto tranquilo, una muñequita de 4 meses a la que encontramos inicialmente a cargo de la abuela y que está a la espera de una intervención en la cabeza. Lo primero que me llama la atención es su mirada perdida y nos dice su abuela que fuera del hospital recibe sesiones de estimulación. Responde al tacto y le buscamos un juguete, en este caso un sonajero, para que lo coja con las manos. Conseguimos que lo agarre y que lo mueva, a veces con ayuda. Parece que le agrada y esboza en varias ocasiones breves y magníficas sonrisas. A nosotros todo esto nos parece un éxito. La dejamos así y seguimos con nuestra ronda por otras habitaciones.

Cuando volvemos para la recolecta de los juguetes la niña sigue agarrada fuertemente al sonajero. Nos despedimos, ahora ya con su madre también en la habitiación, y aunque la abuela nos indica que podemos llevarnos el sonajero le insistimos en que, en vista del gusto que tiene la niña por él y valorando la utilidad que creemos que tiene para ella, se lo quede y lo devuelvan antes de marcharse del hospital a través de las enfermeras.

Hay situaciones en las que con pequeñas cosas, pequeños gestos o breves intervenciones se pueden conseguir resultados más allá del limitado tiempo de nuestra estancia en el hospital. Debemos también valorar y ser conscientes de la influencia y los resultados de nuestra actividad más allá de las dos horas en las que desarrollamos nuestra labor de forma presencial. Hoy con Aurora ha sido una de esas ocasiones.

Daniel es un “viejo” conocido nuestro a pesar de sus 16 meses de vida. Un niño simpático con el que hemos coincidido en el hospital en varias ocasiones desde el mes de enero. Ha tenido durante este tiempo varias intervenciones y en este momento está hospitalizado para hacerse pruebas. A mi me suena su nombre ya desde el mismo listado y Mariluz lo confirma y reconoce también. A los niños como él, simpáticos, alegres y receptivos se les coge cierto cariño, tanto más cuando los vuelves a ver y sabes, además, que probablemente vas a volver a verlos.

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