
En su mini videoconferencia Anatomy of a Duel: Jean de Carrouges versus Jacques Le Gris, Ariella Elema, historiadora del derecho medieval especializada en la historia del juicio por combate, explica cómo eran los duelos en la Edad Media. Para ello, explora el caso de Jean de Carrouges versus Jacques Le Gris, una demanda judicial que se produjo en París en 1386 y del duelo judicial que puso fin a la demanda. Este es el tema del libro El Último Duelo de Eric Jager (2004) y también de la película homónima dirigida por Ridley Scott (2021).
Advertencia de contenido: la entrada contiene spoilers de la película El Último Duelo, dirigida por Ridely Scott.
EL CRIMEN
Para dar algunos antecedentes sobre este caso, Jean de Carrouges era un caballero de Normandía que hizo gran parte de su dinero como soldado uniéndose a las expediciones militares lejos de casa. No sabemos su fecha de nacimiento exacta, pero en 1386 probablemente estaba próximo a los sesenta años. Su esposa Marguerite fue su segunda esposa y era mucho más joven que él, probablemente de unos veintitantos años. También tenía un amigo circunstancial junto con el que peleó en alguna ocasión llamado Jacques Le Gris. Todos tenían el mismo señor, el Conde Pierre d’Alençon, el conde de Perche, y Le Gris era escudero al servicio del Conde.
Un día de 1386 Carrouges estaba fuera de la ciudad y su madre se había llevado la mayor parte de los sirvientes de la familia en un viaje de un día dejando a Marguerite casi sola en un castillo familiar. Al parecer, Jacques Le Gris eligió ese momento para hacer una visita. Lo que sucedió después no está claro, hay testimonios contradictorios, pero cuando Carrouges regresó Marguerite le dijo que Le Gris la había violado. Y este hecho se convirtió en el fundamento para un juicio penal.
UNA APELACIÓN AL COMBATE
Ahora, en este punto de la historia de finales de la Edad Media, el Reino de Francia todavía estaba en el proceso de extender un estado y un sistema de justicia que sacara y enjuiciara a los criminales por su iniciativa propia. El conde Pierre d’Alençon, señor de Carrouges y Le Gris, intentó realizar una investigación y llamar a algunos testigos que sabían cosas sobre el incidente. Pero Jean y Marguerite de Carrouges se negaron a ir a testificar. En cambio, fueron a la corte del Rey, el Parlamento de París, y ellos mismos iniciaron una demanda penal.
El proceso de prueba del que hicieron uso fue uno antiguo conocido como “apelación”. Según sus reglas, la víctima, o sus familiares más cercanos en el caso de un asesinato, tenía que llevar el caso a los tribunales y organizar la acusación por sí misma. En esta ocasión, se complicó aún más por el hecho de que Marguerite, como mujer casada, no podía, por ley, entablar una demanda por sí misma. Tenía que hacerlo su marido, que no era un testigo ocular.
La palabra apelar, appel en francés, proviene del verbo appeler: llamar. La víctima tuvo que llamar literalmente al malhechor. El proceso no se entendía como una apelación en el sentido moderno de una demanda destinada a revertir la decisión anterior de un tribunal. Cualquier proceso penal podría comenzar de esa manera. Las reglas de prueba en una apelación medieval eran rudimentarias, y en este caso nadie sabía realmente lo que había sucedido, excepto la propia Marguerite y Jacques Le Gris. A menudo, un caso de este tipo concluía con el acusado encontrando un cierto número de hombres respetables para jurar sobre su buen carácter y reputación, y eso era todo.
Pero, ¿y si el crimen era muy grave y el acusador no quería aceptar un juramento? Una de las pocas opciones que se le presentaban era someterse a un juicio por combate.
JUICIO POR COMBATE
Esta fue una demanda en la que el resultado fue decidido literalmente por el acusador y el acusado en duelo. El ganador del duelo ganaba el caso, y el perdedor era culpable del crimen, si era el acusado, o culpable de perjurio por presentar una acusación falsa, si era el acusador. En teoría, se suponía que un duelo judicial era una apelación a Dios, y se consideraba que Dios manipularía el duelo para asegurarse de que ganara la parte justa. A veces, parece que la gente simplemente expresaba: “¡Solo Dios sabe lo que pasó! Pero si dejamos que esta disputa se agrave, atraerá a más y más personas, conducirá a la violencia y destruirá nuestra comunidad. Dejemos que las partes principales luchen”.
En la práctica, casi ningún desafío a juicio por combate desembocaba en un duelo. Si los aciertos y los errores del caso no estaban completamente claros, era posible resolver incluso las acusaciones penales graves fuera de los tribunales, con disculpas, acuerdos, posiblemente una compensación, algo así como un litigio civil en la actualidad. Y al igual que los litigios civiles de hoy, o como la forma en que funcionan algunas negociaciones de hoy en día, el punto era tratar de negociar hasta la fecha límite. Si un caso terminaba en un gran enfrentamiento, significaba que alguien había cometido un error de cálculo y había subestimado a la otra parte. En el caso de Carrouges y Le Gris, la reputación de los nobles estaba en juego; ahora tenían al rey involucrado, y ninguno quiso eludirlo. Así que aconteció el duelo.
LOS RELATOS DEL DUELO
Este fue un duelo judicial inusual en cuanto que tenemos múltiples relatos paso a paso de lo que sucedió en la pelea en sí. Normalmente, si tenemos registros históricos de un juicio por combate, son anotaciones del resultado de los juicios pero no refieren sobre los combates, sólo quién ganó. En este caso, debido a que el duelo fue en la alta Edad Media, época en la que más personas escribían libros, y el acontecimiento tenía un perfil tan alto, cinco personas diferentes nos cuentan lo que vieron o escucharon sobre él.
Dos de esas fuentes probablemente fueron testigos presenciales. El cronista conocido como el Monje de Saint-Denis fue el historiador oficial del rey Carlos VI, el rey de Francia en ese momento. Este clérigo procedía de la abadía de Saint-Denis, a las afueras de los muros de París, y estaba a menudo en la corte real. Su crónica es casi contemporánea a este duelo y lo describe con gran detalle, por lo que es muy probable que lo hubiera visto en persona. Si no, definitivamente pudo entrevistar a otros cortesanos que lo hicieron.
Hay otra descripción del duelo en el cuaderno de Jean Le Coq, el propio abogado de Jacques Le Gris. Parecía preocupado por el caso y repasó todas las razones por las que el comportamiento de su cliente en el duelo pudiera haber indicado, o no. que él era culpable. Sin duda, Le Coq estuvo allí en persona.
Un tercer cronista que tiene una descripción detallada de la pelea es Jean Froissart. Él no estuvo presente. En 1386 vivía en los Países Bajos. Pero viajó por Francia poco después y escribió la parte de su crónica que incluye el caso Carrouges y Le Gris dentro de los cuatro años posteriores a que sucediera. Podemos pensar en él como el tipo que registró la versión en caliente sobre el asunto.
Hay otras dos crónicas: el relato de Jean Juvénal des Ursins y la Chronographia Regum Francorum. Tienen relatos más breves del caso. Fueron escritos localmente en París como recuerdo vivo del duelo, pero varias décadas después de que ocurriera. Registran la forma en que la gente hablaba de ello una generación después.
A partir de estos cinco relatos, podemos reconstruir lo que sucedió.
EL LUGAR
Tres de las crónicas nos cuentan que el lugar del duelo se instaló en una plaza de la ciudad, dentro de las murallas de París. Habría sido un recinto rectangular rodeado de vallas de postes. Una estructura como esta se conocía como “listas” (recintos vallados donde se celebraban las justas o combates). Habría habido un puesto de observación elevado a un lado para los miembros más importantes de la audiencia, y algunas sillas, o incluso posiblemente pabellones, para Carrouges y Le Gris en cada extremo. El abogado de Le Gris, Jean Le Coq, nos dice que estas listas se inspiraron en algunas otras listas en Gisors, Normandía, que podrían no haber sido el mejor prototipo porque se construyeron para hombres que luchaban a pie y no para justas a caballo. Una pelea a pie necesita mucho menos espacio, pero los caballos necesitan más espacio para galopar y darse la vuelta, especialmente si hay lanzas involucradas. Y esto puede explicar lo que sucedió a continuación. Aquí es donde comienza el spoiler de la trama.
¿JUSTAS?
Las fuentes coinciden en que, en algún momento del comienzo de la pelea, Carrouges y Le Gris estaban montados a caballo. Primero habría habido una proclamación pidiendo a la audiencia que permaneciera absolutamente en silencio, y luego se habría anunciado el motivo del duelo y los dos hombres habrían tenido que jurar que cada uno estaba diciendo la verdad y que el otro estaba cometiendo perjurio. También habrían tenido que jurar que no tenían ningún amuleto mágico. Por lo visto, las piedras mágicas, los huesos, las joyas y los trozos de pergamino con oraciones en ellos podrían subvertir la voluntad misma de Dios.
Ahora, en este punto, Froissart dice que los dos justaron un pase pero no anotaron ningún golpe. Pero recuerde, él no estaba allí. Eric Jager, en el libro El Último Duelo, tiene un pasaje largo y dramático sobre una gran justa con muchos pases en los que chocaron entre sí y se doblaron hacia atrás sobre los cuartos traseros de sus caballos. En realidad, esto se toma del relato de Froissart de un evento completamente diferente, un torneo de justas en St. Inglevert en 1390. No es lo que sucedió en esta pelea. A continuación, hay una historia completa en El Último Duelo sobre una batalla de hachas a caballo. Esa versión es completamente apócrifa; ninguna de las narraciones medievales lo menciona.
¿LUCHA A CABALLO?
Lo que dice el Monje de St. Denis, un probable testigo ocular, es que tan pronto como se dio la señal para que comenzara la pelea, los dos hombres abandonaron sus caballos. Utiliza una extraña palabra latina, abigerunt, ahuyentaron a los caballos, lo que podría significar que los empujaron hacia adelante. Pero el abogado Le Coq dice que su cliente podría haber atacado a Carrouges a caballo, pero lo hizo a pie, así que me inclino a pensar que simplemente desmontaron. Recuerde, Le Coq mencionó que las listas no eran realmente adecuadas para caballos.
En cualquier caso, lo que sucedió a continuación, según el Monje de Saint-Denis, es que en el primer ataque Le Gris apuñaló a Carrouges en el muslo con su espada. Hay que recordar que ambos hombres llevan una armadura completa de finales del siglo XIV. En este momento, la armadura francesa tenía placas que cubrían toda la pierna cuando estabas sentado en un caballo, y la silla de montar tenía un gran arco al frente que protegía la entrepierna. Habría sido bastante difícil apuñalar a alguien en el muslo si estuviera montado así, pero si iba a pie, había uniones de armadura que lo convertirían en un objetivo viable.
EL DILEMA DEL REY
La sangre comenzó a fluir por la herida. Esto seguramente le generó un problema a Jean de Carrouges, pero la repentina aparición de sangre creó también un dilema para el Rey, que estaba juzgando el duelo. En la segunda mitad del siglo XIV, los duelos judiciales en Europa a menudo se trataban como eventos de alto riesgo. La mayoría de los duelos judiciales terminaban sin lesiones. El señor que actuaba como juez permitía a las dos partes tener sólo unos pocos intercambios de golpes antes de detener la batalla. Luego se elogiaba a los dos hombres -siempre fueron hombres- por su valor al presentarse y arriesgar sus vidas, e imponía un acuerdo sobre su caso. De esa forma, ambos se marchaban con su honor y sus miembros intactos.
Pero Jacques Le Gris arruinó todo ese plan cuando hirió a Carrouges de inmediato en el primer ataque. Una vez que la balanza se inclinaba a favor de un luchador, nadie podía detener la pelea sin la apariencia de parcialidad. Ahora el rey no podía detener la pelea sin que pareciera que estaba interfiriendo con la voluntad de Dios. Así que dejó que continuara.
LIDIANDO CON ABRELATAS
Hoy en día, en realidad, hay bastante investigación sobre cómo los caballeros con armadura habrían luchado en un duelo. Aproximadamente veinticinco años después de este combate, personas en varias partes de Europa comenzaron a producir manuales ilustrados de técnicas de combate. Ahora existe una comunidad internacional bastante grande de aficionados a las artes marciales medievales con buenas reproducciones de armaduras medievales y renacentistas a quienes les gusta practicar sus interpretaciones de estas técnicas entre sí, y podemos aprender muchas cosas de ellos.
El combate blindado no se parece a una esgrima. Es más como luchar con abrelatas. Y eso es lo que escuchamos del Monje de Saint-Denis. Dice que en este punto Jean de Carrouges, cita, “reuniendo su alma en su fuerza, se acercó y exclamó: ¡Nuestra disputa se juzga este día! Con la mano izquierda, agarró la visera del casco de Jacques y atrajo al hombre hacia sí. Retrocediendo un poco, lo tiró al suelo solo, postrado y abrumado por su armadura”. Es decir, lo tiró por la cabeza (Esa técnica funciona mejor con una armadura porque el peso del casco eleva su centro de equilibrio). Sabemos por los artistas marciales que el peso de la armadura por sí solo no evita que te levantes si te caes, y no habría impedido que un hombre como Jacques Le Gris lo hiciera. Por lo tanto, hay muchas posibilidades de que el lanzamiento le hubiera causado a Le Gris una lesión en el cuello o una conmoción.
EL FIN DE LA LUCHA
Hay un manuscrito en la Bibliothèque National de France que tiene una imagen de Carrouges y Le Gris luchando en el suelo con dagas, con Carrouges levantando la visera de Le Gris y apuñalándolo en la cara. Esa es la forma en que termina la pelea en el libro El Último Duelo, y la forma en que termina en la película. Pero esta miniatura manuscrita es de una crónica muy posterior. Se basa en el relato de Froissart, y también se puede ver en ella una muestra de la justa, y a la pobre Maguerite viendo el duelo. Pero, apuñalar con la daga no es cómo Froissart o cualquiera de las otras cuatro fuentes que fueron más o menos contemporáneas del duelo dicen que terminó la pelea. Ni siquiera es cómo dice que terminó el texto de la crónica de esta imagen. Todos los cronistas que describen el final, es decir, el Monge, Froissart y Juvenal des Ursins, coinciden en que Carrouges estaba de pie, Le Gris estaba caído en el suelo y Carrouges apuñaló a Le Gris con una espada.
OH OH
De esta manera, si alguien lleva una armadura de 1386 y está tendido boca abajo, en realidad es bastante difícil apuñalarlo fatalmente. La armadura cubre todos sus puntos vitales. Llevan un abrigo acolchado llamado gambesón, y sobre él una cota de malla, y para este período, un buen jaez probablemente tenga encima una capa de láminas que envuelva toda la espalda.
Su aventail (alpartaz), la cortina de malla que cuelga del yelmo, protege su cuello. Para meterse debajo, tendrás que moverlo a un lado, lo que significa que probablemente tendrás que agacharte y ponerte en peligro de ser arrastrado a un combate de lucha libre en el suelo.
Seis años antes de este duelo, hubo otro duelo en Londres, donde un caballero llamado John Annesley intentó tirarse encima de su oponente, pero quedó cegado por el sudor en la visera de su casco y falló, por lo que cayó al suelo junto a él. Los dos lucharon en el suelo tanto tiempo que el juez finalmente lo deshizo, y el oponente murió al día siguiente de lo que probablemente fue agotamiento por calor o lesiones internas.
Así que Jean de Carrouges tenía una buena razón para no querer tirarse al suelo con una daga. Si ensartó a Jacques Le Gris con una espada, como afirman todos los cronistas, y Le Gris llevaba una armadura adecuada para montar a caballo, su objetivo más expuesto habría sido el asiento sin armadura de sus braies o calzones y la parte posterior de sus muslos. Esta posibilidad plantea la imagen de un espantoso acto de paralelismo, en el que Carrouges vengó el crimen de violación sodomizando a Le Gris con una espada.
El Monje dice que Carrouges “lo tiró [a Le Gris] y le ordenó muchas veces que admitiera la verdad” y también que “mató a su enemigo con gran dificultad, porque estaba encerrado en una armadura”. Tengo la sensación de que esto no fue un apuñalamiento rápido o elegante. Los cronistas pueden estar ahorrándonos algunos detalles gráficos.
Carrouges ganó, Le Gris murió, y luego el verdugo arrastró su cadáver a la horca y lo colgó, además.
CONCLUSIÓN
Así que hubo cinco relatos de este duelo judicial escritos por personas que estaban en condiciones de saber lo que sucedió. No nos cuentan todos los detalles, pero están de acuerdo en gran medida. Puede que hubiera alguna justa, o no, pero se acabó rápidamente. No hubo una batalla épica. Nada sobre una pelea de hachas.
Lo que sí dicen es que Le Gris apuñaló a Carrouges en el muslo, y luego Carrouges lo tiró al suelo y lo apuñaló con una espada. Mi teoría es que en los escritos se supone que los lectores deberíamos darnos cuenta de dónde y cómo lo apuñaló, porque los cronistas asumen que podemos visualizar la mecánica del combate blindado y creen que sabríamos cómo era la armadura de su época.
Este video, el libro y la película El Último Duelo ofrecen tres interpretaciones diferentes a partir del mismo material fuente. Y las fuentes que describen el duelo están dando cinco interpretaciones diferentes del mismo evento. Pero no todas las versiones de la historia son iguales o tendrían el mismo valor. Depende de nosotros analizar la evidencia y llegar a un juicio.
BONUS
EL ÚLTIMO DUELO | La historia REAL del JUICIO POR COMBATE entre JEAN DE CARROUGES y JACQUES LE GRIS
En este magnífico vídeo documental, Raquel de la Morena nos cuenta desde su canal de YouTube la historia del duelo final entre ambos caballeros, que recientemente ha sido llevado al cine por el director Ridley Scott en la película El Último Duelo. Su relato es fiel al de la película y al del libro de Eric Jager, con el mismo título, en el que está basada.
Deja una respuesta