El castillo de Osma. Una visita a fondo

El desconocido castillo cristiano de la frontera con Al-Ándalus en el siglo X. Una visita completa (tras su restauración en 2019)

El castillo de Osma (El Burgo de Osma, Soria) destaca por ser una de las fortalezas cristianas más antiguas de España. Se ubica en una peña, en la confluencia de los ríos Abión y Ucero, frente al cerro escarpado donde se localizan las ruinas de la que fue importante ciudad celtíbera y después romana de Uxama Argaela, que sirvió de defensa y control del portillo natural de acceso a los valles de estos ríos y de la Ciudad de Osma, ocupando un lugar estratégico en la frontera media del Duero durante el período de la Reconquista.

Se trataba de una fortaleza arruinada y prácticamente desconocida hasta que las actuaciones de conservación e investigación realizadas recientemente han rescatado y documentado algunos elementos de gran interés para el visitante, además de incorporar señalización informativa explicando los distintos puntos clave y pasarelas para facilitar la movilidad y comprensión del recinto.

Está formado por varios recintos: el principal, en la parte más alta del peñón, ya ocupado en la Edad del Bronce, donde se conservan los restos y estructuras más sobresalientes de época medieval, y sucesivas ampliaciones, que incluyen varios barracones, al noreste, una barrera, al este y sur, y una puebla, al oeste. Por su posición, el castillo fue fundamental en la historia de la frontera del Duero durante la Alta Edad Media, pues estuvo en la primera línea de defensa del reino de León y después de Castilla frente al poder musulmán del emirato y califato de Córdoba, entre los siglos X y XI, y hasta la caída de Medinaceli en manos cristianas en 1104.

Cuenta con una serie de sobresalientes peculiaridades, estructuras y elementos pertenecientes a diferentes cronologías históricas. Destacan sus saeteras buzadas, la torre del Homenaje –pentagonal, con una muy escasa proyección de su proa–, la cantería de sus torres, la puerta occidental del recinto principal o sus destacadas marcas de cantero.

Se trata sobre algunas las estructuras y elementos que posee, pertenecientes a diferentes cronologías: puertas, torres, recinto amurallado, saeteras, dependencias y hallazgos del interior del recinto, puebla exterior, necrópolis medieval, barrera y barracones bajomedievales y huecos del siglo XVIII realizados en la muralla para colocar las cargas con las que se quiso volar el castillo, todo ello según su cronología histórica.

DESARROLLO HISTÓRICO Y DESCRIPTIVO DEL CASTILLO DE OSMA

Está perfectamente constatado que el castillo de Osma hay que considerarlo en su construcción como un edificio cristiano y no islámico que pasó por diferentes etapas constructivas.

Como todo edificio histórico, el castillo de Osma conoció una larga vida, pasando por distintas y diferenciadas etapas. Por ello, en cada época, nuevas construcciones se levantaron, tirando, rompiendo, cortando, tapando, etc. otras anteriores.


1. EL PERÍODO CONDAL (PRIMER TERCIO s. X)

En el 912 se documenta la repoblación de Osma por Gonzalo Téllez, uno de los Condes de Castilla. Aunque cabría pensar que lo haría sobre las ruinas de la antigua Uxama, las evidencias arqueológicas hacen pensar que se ubicara en el cerro del castillo de Osma, y que este se fortificara.

La estructura que se reconoce actualmente como castillo se adosaba a otra fortaleza previa en su interior, actualmente desaparecida. La fortaleza original principal se adosaba al menos a dos torres anteriores y a un muro, de los que ya no existen restos. Este primer recinto, con sus dos torres ya desaparecidas, era el que posiblemente construyó el Conde de Castilla.

De la primera fase del castillo de época condal se conoce el trazado aproximado de la muralla, que partía del promontorio más elevado del cerro, donde se localizaba una torre. El recinto bordeaba el cerro hasta la posición que hoy ocupa la torre pentagonal; desde aquí doblaba hacia el oeste, formando el cierre sur. De él quedan retalles en la roca que marcan su trazado; en el ángulo suroeste se encontraba la torre suroeste, ya vista. Un nuevo tramo de muralla partía desde esta torre hacia el norte formando el cierre oeste del castillo.

Pintura perteneciente a retablo del s. XVII, antes del expolio y destrucción del castillo

La torre cuadrangular (c. 8 x 8 m) que presidía el cerro se levantó tras rebajar la roca en varios puntos. A ella se accedía mediante escalones trabajados en la roca y estaba formada por grandes piedras romanas reutilizadas, similares a las de la torre suroeste del castillo. Como esta, se desmontó en el siglo XVIII para obtener piedra con la que poder realizar la cimentación del campanario de la catedral. Este hecho se deduce de la documentación escrita y pictórica, y gracias a los acopios de piedra localizados en la intervención arqueológica, que se sitúan junto a la cara interior de la muralla oeste del recinto principal.

En la catedral de El Burgo de Osma se encuentran dibujos de los siglos XVI-XVII, e incluso un mural del XIX, donde se dibujaban dos torres más en el conjunto. Como hipótesis para la pervivencia de los restos actuales, pero no de los de la fortificación originaria, el primer recinto condal se habría construido mitad de tapial y mitad levantado con piedras romanas traídas de la antigua Uxama. Sabemos que con posterioridad (s. XVIII), fueron grandes montones de sillares romanos los que se utilizarían para la construcción del campanario de la catedral del Burgo de Osma. Por tanto, lo que hoy día se conserva es el segundo recinto; es decir, la construcción de Ramiro II, la del castillo que resistió a Abderramán III a mediados del siglo X.

Para la construcción de las dos torres condales, que posteriormente desaparecieron, se utilizaron piedras romanas de la antigua Uxama, que fueron apiladas sin argamasa, lo que facilitó que después pudieran ser reaprovechadas en el siglo XVIII.

En la propia excavación se encontraron in situ restos de la fortificación condal, que en el siglo XVIII fue objeto de desmontaje para construir el campanario de la catedral: primero desmontaron la torre que había en la esquina SO, y una vez finalizada la labor, procedieron a demoler la torre situada en la cresta más alta; y, rodando, saldrían las piezas por el hueco conformado por el derribo de la primera torre.

Como criterio general de la intervención restauradora, con el fin de dar volumen a los paramentos del recinto más antiguo del castillo, hechos desaparecer en el siglo XVIII, se recrearon estos en madera; sin alcanzar la altura original, se recuperó su ancho, que se reaprovechó para disponer los peldaños para facilitar el acceso a los visitantes a la posición donde en su momento estaría la torre superior, situada en el crestón rocoso.


2. CONSOLIDACIÓN CRISTIANA DEL CASTILLO (933-989)

Todo el conjunto amurallado que queda en pie del recinto alto del castillo se data en época de Ramiro II de León.

Hacia 933, tras producirse una primera derrota de las tropas musulmanas del califato de Córdoba en las cercanías del cerro de Osma, Ramiro II de León refortificó la posición –la mayor parte de lo que hoy resta del castillo se atribuye a esta acción–. La importancia estratégica de la posición fue incrementándose tras la derrota de Abderramán III, durante su fracasada expedición a tierras del Duero del 939. El poder musulmán reaccionó enseguida, recuperando y fortificando Gormaz. Tras ello, durante casi cincuenta años (934-989), el castillo de Osma fue la principal defensa del reino de León en sus tierras más orientales y, sin duda, su posición fue la más expuesta a cualquier ataque de las tropas andalusíes.

La obra de Ramiro II se adosó a las defensas precedentes, estando realizada con gruesa mampostería, incorporando numerosos y buenos materiales romanos traídos de la antigua Uxama, y labrando sillares con grandes marcas de cantero que se pusieron en esquinas, puertas y aspilleras. El castillo alto tenía cuatro torres –las dos preexistentes y otras dos nuevas: una de ellas, pentagonal en proa– y dos puertas, al oeste y al este, que respectivamente permitían bajar a los ríos Ucero y Abión.

El castillo del siglo X no tenían espacios terraplenados hasta que estos se produjeron para hacer edificaciones a fines del s. XIII o principios del XIV. La roca fue trabajada, en algunos casos para hacer escaleras y en otros haciendo huecos. Estos conforman cientos de marcas de pilotes de madera de construcciones auxiliares que permitirían habitar el castillo en su primera fase. Es decir, vivían colgados en la ladera, lo que se puede vislumbrar gracias a las marcas de las sucesivas construcciones de ocupación a lo largo de toda la pendiente.

Estructuras y elementos de esta época

Las puertas de acceso

Las puertas del castillo, en número de dos, pudieron presentar tanto arcos de herradura, siguiendo la tradición visigótica-mozárabe, como tener arcos de medio punto. Ambas soluciones son perfectamente posibles en una obra cristiana del siglo X, por lo que en la restauración se prefirió no inclinarse por ninguna de ellas y no reconstruir el arco de cierre.

 

En el frente oeste se abre la puerta principal de acceso al recinto alto del castillo de Osma, pero no es el único, pues en la muralla oriental se abre un portillo. La puerta principal se sitúa en la parte media y más avanzada del frente occidental de la muralla, que en esta zona carece de torres, a excepción de las que forman parte de la estructura de la propia puerta. Consiste en un arco de entrada y dos pequeñas torres de flanqueo cuadrangulares de escasa proyección, a modo de contrafuertes de enmarque, que soportaban un antepecho y una buhera. Se trata, pues, de un elemento tanto defensivo como monumental.

Su cimentación, como sucede en el resto de la muralla del recinto principal, apoya directamente en la roca del cerro, sin tener fosa de cimentación previa. Se sitúa sobre pronunciada pendiente y se enmarca con jambas con doble mocheta, tanto al interior como al exterior. La luz del vano, contando las mochetas, es de 1,90 m, y sin ellas, de 2,30 m, lo que daría lugar a una puerta exterior de doble hoja. No se han hallado in situ las correspondientes quicialeras, quizás debido a una posterior reforma y al robo de materiales. La cota de uso original, de la que nada quedó, estuvo determinada por el nivel de la roca junto a las mochetas interiores, pues debía permitir la apertura de la doble hoja, por lo que se situaría a un máximo de 40 cm más baja que la establecida por la posterior reforma. De este modo, el hueco de la tranca situado en la jamba sur estaría cerca de 1 m por encima del umbral, del que no conocemos su composición. A pesar de haber contado con una menor cota de acceso, siempre existió́ una notable diferencia entre esta y el nivel de uso al exterior de la puerta –en torno al metro–, aportando gran monumentalidad a la entrada del recinto, aunque suponía un problema defensivo y de accesibilidad, que debió́ solventarse por medio de alguna estructura de madera, que además ofrecería la posibilidad de su desmonte en caso de ataque. Al interior, ya traspasada la puerta, tallada en la roca, se documentó un desagüe y un asiento corrido del que sería el cuerpo de guardia. Además, cuenta con la peculiaridad de que, salvo la parte inferior de la misma, está formada por sillares y piezas de cantería perfectamente trabajadas y de idéntica calidad a las del resto del alzado.

Al poseer una serie de rasgos y ciertas similitudes con la puerta monumental de época califal del vecino castillo de Gormaz, sería un posible y muy próximo antecedente de esta.

La torre pentagonal en proa y el frente sur

En el nuevo recinto levantado en época de Ramiro II se volvieron a reaprovechar piedras romanas traídas de Uxama. En él destaca la construcción de una torre pentagonal en proa, donde se localizan muchos sillares con marcas de cantero. En total, en todo el castillo, se han identificado 224 de estas marcas.

Al igual que las torres situadas en sus extremos (torres pentagonal y suroeste), la muralla sur del recinto conservó prácticamente la totalidad de su alzado original. Tras las obras de restauración, se vio cómo el adarve original respetó la pendiente, producto de la adaptación de la muralla al terreno, que se muestra escalonada, unas veces con escalones sencillos y otras a modo de pequeña escalera. Además, conserva un pequeño tramo del parapeto original en el que se conserva una pequeña saetera a baja altura. El parapeto fue recrecido posteriormente en al menos dos ocasiones y con él su cota de adarve. En todo el frente sur del castillo de Ramiro II se muestran muy bien varias de las fases constructivas, con sillares reaprovechados romanos de la vecina Uxama.

Saeteras

La excavación realizada durante las labores de restauración permitió descubrir en el interior del recinto principal del castillo las bocas de las cámaras de tiro que habían sido tapadas al terraplenarse el recinto a principios del siglo XIV y que se encontraban completamente ocultas. Estas cámaras se podían ver por el exterior del edificio, pero no por el interior. A pesar de que son uno de los elementos que hacen tan singular la fortaleza de Osma, hasta ese momento habían pasado totalmente desapercibidas.

Todas ellas forman un conjunto uniforme, pero disperso, por diferentes zonas del castillo. Se trata de saeteras bajas con cámara y derrame buzado, que se sitúan, por lo general, en la parte baja de los muros. Su abertura exterior es extremadamente estrecha, salvo en la parte inferior, donde se ensancha ligeramente para permitir el disparo. Esa ampliación tiene su continuidad al interior de la cámara, a modo de acanaladuras laterales.

Estaban conformadas por una abertura muy estrecha y un canal de disparo a través del cual salía la flecha, orientado según la pendiente del cerro. La existencia de saeteras a una cota baja en una fortaleza respondería a la falta de confianza para proteger las almenas en caso de ataque, y así poder asegurar la defensa del pie de la peña. El hecho de que estuvieran preparadas para no poder ser embocadas por el enemigo, mediante un sistema tan riguroso, implica que se esperaba un potencial ataque por parte de un ejército numeroso –quizás, las tropas de Abderramán III, quien, según algunas crónicas, tenía en torno a 5000-7000 arqueros–. Es decir, la fortaleza de Osma se diseñó para poder defenderse ante un poder atípico en la península, salvo por parte del califato.

Además, dichas saeteras, tapadas en la Baja Edad Media y que se encontraron completamente ocultas, responden a una tipología absolutamente extraña y original, y constituye uno de los elementos clave en el desarrollo y entendimiento de una fortaleza como la de Osma, que, en su momento, sería un hito tecnológico de la defensa cristiana del reino frente al islam.

Se trata de un elemento extraordinario de la fortaleza en la parte baja de los muros, que presenta un tipo de saetera único en el Medievo peninsular, tanto cristiano como islámico. Sólo se encuentran paralelismos a ellas mucho después en un modelo de saetera de estribo parecido, de influencia cruzada de finales del siglo XII, existente en las fortalezas en Tierra Santa durante la Primera Cruzada (1096-1099). Su datación en época de Ramiro II adelanta en dos siglos a sus gemelas de Tierra Santa. Por ello, cabe pensar que pudieran ser un aporte hispano a la fortificación cruzada y no al contrario, pues no hay que olvidar que miembros de la nobleza castellana, como fueron los Lara, poseedores del castillo de Osma, intervinieron en las Cruzadas.


3. EL PERÍODO DE OCUPACIÓN MUSULMANA (989-1011)

En el 989, Osma pasó a manos musulmanas con Almanzor. Sucesivamente, cayeron las cercanas San Esteban y Clunia, en el 994, y en el siguiente, el conde castellano Garci Fernández moriría en Alcózar. Almanzor repoblaría la zona conquistada y refortificaría el castillo, siendo probablemente obra suya la torre SO que mira a Uxama. En el 1011, Osma pasó definitivamente a manos cristianas.

Estructuras y elementos de esta época

La torre suroeste

De la toma del castillo por Almanzor, producida en 990, y del período de ocupación islámica que ello conllevó hasta 1011, apenas quedaron muestras. Una de ellas se encuentra en la parte inferior del forro inferior de la torre suroeste del recinto, una de las ya descritas de época condal, que en la documentación escrita del siglo XVIII se conoce como la torre quadrada. Se forró en todo su alzado: la parte inferior en época de Almanzor (siglos X-XI) y la superior con Fernando I (mediados del siglo XI); ambas, de mampostería encofrada, pero con diferente aparejo, que en parte aún están en pie.

En ella confluyen las murallas sur y occidental del castillo, de época de Ramiro II. Su excavación permitió documentar algunos sillares romanos reaprovechados, aún in situ, en la parte inferior del muro original sur de la torre condal. Gran parte del conjunto fue casi totalmente desmontado en el siglo XVIII, en relación con las obras del campanario de la catedral de El Burgo de Osma.


4. EL CASTILLO DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA (s. XII-XIV)

En 1129 fue el último bastión castellano de las campañas de Alfonso VII contra Alfonso I de Aragón. El posterior periodo de tranquilidad en estas tierras favoreció el crecimiento de El Burgo de Osma, dando lugar a varias disputas del obispado de Osma por la posesión del castillo, que perdurarían a lo largo de toda la Edad Media. A inicios del siglo XIV, se produjeron varios enfrentamientos nobiliarios, viéndose implicado en ellos el castillo.

En la Baja Edad Media (s. XIII-XIV), a raíz de las guerras con Aragón y contra los Infantes de Castilla, el obispo de Osma, propietario del castillo, levantó varias dependencias, almacenes y cuarteles dentro del recinto, en la parte más alta de la zona noroeste y adosadas a la muralla de Ramiro II, lo que hizo que se terraplenase y rellenase de escombros el interior del recinto, unos procedentes del propio castillo y otros traídos de diferentes lugares. Esto derivó en la ocultación del nivel de las saeteras de la fortificación real.

Sobre este nivel superior se construyeron una serie de edificios, que se conservaron en bastante mal estado debido a remociones de épocas posteriores. El que se ha conservado mejor es el situado en la parte alta, quizás con función de armería o almacén de vituallas, donde se construyó un gran edificio con galería exterior. En la cota más alta, se hallaría el edificio principal episcopal, y a un nivel algo inferior, la galería del edificio. A partir de este nivel, allanaron el terreno hasta tapar las saeteras.

Se trata de unas construcciones muy interesantes, que nos remiten a la construcción de grandes almacenes de guerra (quizás, armerías), fundamentalmente de madera que más tarde, por motivos de seguridad o quizás por su importancia táctica, se decidió mantenerlo y dejarlo como definitivo, haciendo mejoras en él. Por ello, sin dejar de cumplir la importante función por la que se había sido levantado, sin querer desmontarlo, sus pilares estructurales se forraron con muros de mampostería. Es decir, se forraron literalmente de piedra sin desmontar la estructura previa de madera del interior. Por lo tanto, lo que conservamos ahora es el forro de piedra de estos almacenes de madera. La explicación para que esto suceda es porque el castillo fuera utilizado como cuartel; un hecho que también explica ese terraplenado general realizado para poder así obtener suficiente espacio donde poder establecer barracones militares, ocultando de este modo los sistemas defensivos del siglo X.

Un edificio similar y de la misma época, mucho mejor conservado que el de Osma, se mantiene perfectamente en todo su alzado en el cercano castillo de Gormaz; en este caso, posiblemente con la función de armería.

Tras la eliminación de los escombros en las obras de restauración realizadas, se crearon una serie de caminos que permiten pisar dos niveles de uso de dos momentos históricos: el de los almacenes del siglo XIV y el inferior, donde se hallan las saeteras, del siglo X.

Estructuras y elementos de esta época

El aljibe

Junto a la torre pentagonal se localiza un aljibe, datado en época bajomedieval. Sin evidencias arqueológicas de que sustituyera a uno previo, es bastante probable que así fuera, pues no existe ningún otro dentro del recinto. Su planta cuadrangular se adaptó al ángulo formado por la torre pentagonal y la muralla. Buena parte de su obra se encuentra excavada en la roca, mientras que el resto de ella se formó con muros perimetrales de mampostería. Al exterior, estos fueron realizados simultáneamente con el aporte de rellenos de nivelación al exterior (lateral norte) o mostrando cara vista que fue posteriormente robada (lateral oeste). Al interior, toda la obra se remató por una sólida obra de ladrillo y posterior revestimiento hidráulico con almagra. El fondo es plano, actualmente de roca, y muestra una ligera inclinación hacia el noreste. No contó con pozos de decantación ni de otros elementos. Su capacidad rondaba los 25 m³.

Necrópolis medieval

Una amplia e interesante necrópolis medieval cristiana se localizó al sureste del recinto principal, a los pies de las defensas altas del castillo, a ambos lados de la barrera del siglo XIV. Anterior, por tanto, a esta, se data entre el siglo XII y XIV.

Por el momento, la necrópolis se extiende a lo largo de más de 50 m, ocupando más de 350 m² de superficie. Está formada por tres conjuntos diferenciados y sin superposición, en los que los de los extremos (noreste y suroeste) comparten bastantes características y el tercero, el central, que posee ciertas peculiaridades. En total, se documentaron 28 tumbas, en las cuales la gran mayoría presentaba un único individuo. En un par de casos, se documentaron enterramientos vacíos o tumbas pareadas. A grandes rasgos, se documentan dos tipos de enterramientos:

– Tipo A: en fosa simple, ajustada al individuo, con planta de bañera y fosa con sección en «U». Las paredes interiores se forran con mampuestos irregulares de tamaño medio. La fosa se rellena directamente de tierra. El individuo se colocaba en posición dorsal, sin ajuar asociado.

– Tipo B: en fosa amplia y profunda, que en ocasiones excede el tamaño del individuo. De planta casi rectangular y sección escalonada, mostrando antropomorfismo mediante la excavación de un hueco en la roca para acoger la cabeza. En varias ocasiones, se detecta una cubierta de tablas dispuestas transversalmente sobre el escalonamiento, que forman la cámara mortuoria donde el individuo descansaba en hueco. La fosa sobre la madera, cuando existe, se rellenaba de tierra. El individuo se colocaba en posición dorsal, sin ajuar asociado.

En lo relativo a los individuos exhumados, la estatura de los hombres se sitúa en torno a 1,70 m, mientras que la de las mujeres está en 1,50 m.

Barrera bajomedieval

Las diferentes guerras civiles habidas en Castilla a lo largo del siglo XIV generaron largos momentos de inestabilidad, trayendo consigo bastante inseguridad en todo el reino. Por ello, en tierras sorianas, también muy próximas a Aragón, antiguas posiciones militares se volvieron a reocupar por población civil, buscado así un mejor refugio –tal fue el caso de la antigua fortaleza califal de Gormaz– o se fortificaron y sirvieron también para acantonar tropas. Fue lo que sucedió en el castillo de Osma, donde el obispo, su propietario, levantó una barrera y construyó diversas dependencias al interior.

La barrera almenada recorre los frentes este y sur, con el fin de unir el gran espolón avanzado del NE con la muralla de la antigua puebla, que desde la torre SO del castillo rodeaba todo el promontorio. Para ello, no se dudó en que un largo tramo de la barrera cortara la necrópolis plenomedieval oriental (línea amarilla).

Dicha barrera discurre a una cota muy inferior al escarpe sobre el que se sitúa el recinto principal. La sur reforzó el castillo por su punto más débil, cerrando el espacio existente entre las defensas del recinto exterior al NE del principal y las de la puebla, al oeste. Cuenta con una longitud de 151 m y forma una liza en su interior con una superficie practicable de aproximadamente 850 m². En algún sector mantiene su alzado hasta el adarve e incluso algunos tramos de almenado. En varias zonas se había perdido la cara exterior de la fábrica o se abrieron amplios huecos.

Es una obra uniforme y aparentemente unitaria de carácter defensivo, que muestra un almenado continuo que se adaptó a las pendientes del terreno de forma natural, con una trayectoria lineal y curvada. Asienta directamente sobre la roca, para lo que, en ocasiones, fue necesario realizar cajeados como el que destruyó la necrópolis medieval. Cuenta con una fábrica de mampostería irregular trabada con argamasa con bloques irregulares poco trabajados. Su ancho es de 1,20 m, y su altura media hasta cota del adarve, entre 2 y 2,5 m al interior y sobre 3,5 m al exterior, siempre más almenado. Forma un amplio espacio de liza al interior, con una anchura de entre 5 y 10 m, delimitado por la misma barrera y la roca del cerro. Posee varias salidas de agua repartidas regularmente. Al interior, el nivel de uso fue una mezcla de tierra pisada y el afloramiento rocoso, utilizable solo en parte. Al sur de la torre pentagonal, donde el espacio era más amplio, el nivel de uso de tierra se superpuso sobre las tumbas de la necrópolis. En la mitad este, los niveles de uso desaparecieron casi por completo a causa de la escorrentía y la erosión. En la mitad oeste, por el contrario, la influencia de los procesos erosivos es mucho menor y ha permitido una mejor conservación del nivel de tierra asociado a la barrera. En la parte más al oeste se conservaron algunas estructuras, aunque muy arrasadas, así como retalles en la roca y cambios de coloración del suelo que evidencian la existencia de estructuras cerradas a modo de pequeños edificios, bien para uso humano o animal. También una especie de balsa excavada en la roca que pudo hacer las veces de bebedero para animales.

Las puertas de acceso se localizan cerca de los extremos. Destaca la situada al oeste, que es la principal y daba acceso a la puerta principal del recinto superior del castillo. Desconociendo cómo era su desarrollo en altura, cuenta con mocheta exterior y una luz de 1,43 m. La rampa de acceso al castillo bordeaba la peña hacia el NO, formada por la propia roca, pero también por rellenos de tierra que eran contenidos por estructuras cuya huella, a modo de negativo, quedó marcada en la piedra. Este recorrido tuvo que pasar por un punto donde la muralla antigua de la puebla discurría en dirección al extremo suroeste del recinto principal.

Barracones bajomedievales

La necesidad de espacios para acantonar una guarnición militar durante las guerras civiles castellanas de los siglos XIV fue tanta que se aprovecharon zonas que en principio eran muy poco aptas para tal fin. Así, se produjo en la abrupta ladera este del cerro, donde varios barracones de planta rectangular se levantaron adosados a la nueva barrera, que por esta parte del promontorio se asomaba al precipicio sobre el Abión. A pesar de quedar solo vestigios, merece destacarse el sistema de evacuación de agua del promontorio, que necesariamente se tuvo que situar bajo sus suelos, con salida al escarpe a través de albañales abiertos en la barrera. E igualmente, la localización de dos pequeñas letrinas en el extremo más apartado del conjunto, debajo justo del espolón del noreste del peñón.


5. LAS ÉPOCAS POSTERIORES: SU DECLIVE, DESTRUCCIÓN Y EXPOLIO (s. XVI-XVIII)

En el siglo XVI, dio comienzo el rápido declive del edificio, al perder tanto su valor estratégico como poblacional y, definitivamente, el siglo XVIII representó el comienzo de la destrucción y expolio del castillo de Osma y de sus materiales.

Estructuras y elementos de esta época

Los huecos de la voladura del castillo

En el siglo XVIII, en torno a 1706 o 1707, durante la guerra de Sucesión española, se intentó la voladura de la muralla occidental del castillo. El plan se ideó por el obispo de Osma, partidario de Felipe V, para evitar que las tropas favorables al pretendiente austriaco pudieran servirse del castillo en una supuesta llegada a la zona. De tal plan da muestra la presencia de varias minas realizadas mediante grandes orificios abiertos en la base interna de la muralla oeste para la colocación de explosivos, por lo que antes, para que llegar a esa cota, hubo de realizarse un gran desescombro y movimiento de tierras en el interior del castillo.

Finalmente, y por suerte para la fortaleza, dicha acción se frustró al no llegar nunca las tropas del pretendiente y, por tanto, no se produjo la voladura del castillo. Las minas se corresponden con las típicas del siglo XVIII: unas perforaciones bajas realizadas en el muro con una galería de mina perpendicular.

Los restos del expolio

Más tarde, entre 1739 y 1767, ante la necesidad de materiales para la reedificación de la derruida torre de la catedral de El Burgo de Osma, varias zonas del castillo sirvieron de cantera según se ha mencionado en varias ocasiones.

La excavación también puso de manifiesto que cuando se desmontaron las dos torres para construir el campanario de la catedral, en el siglo XVIII, hubo un momento en que ya no se necesitaban más piedras, y aquellas que ya habían sido desmontadas quedaron apiladas en el castillo a la espera de ser trasladadas a otro lugar; hecho que nunca se produjo.


6. OTROS ELEMENTOS

La excavación completa de todo el espacio al interior de la fortaleza realizada durante las actividades de restauración dejó a la vista toda la roca, que cuenta con gran cantidad de huellas de su uso, realizadas a lo largo de la ocupación del recinto. Hay huecos para postes de planta circular y cuadrangular, rebajes alargados a modo de pequeños aterrazamientos, retalles verticales, escalones y otras huellas menos identificables.

Dentro del conjunto, destaca una pequeña escalera tallada en la parte central y la existencia de una zona escalonada a modo de gradería, inmediatamente al noroeste del aljibe.

Aunque no es posible concretar conjuntos ni determinar estructuras, debido a la gran cantidad y variedad de retalles y marcas, y a su distribución irregular, queda demostrado el intenso uso de estos espacios por estructuras y edificaciones, tanto de madera como de mampostería o de fábrica mixta. E igualmente, que dicho uso se produjo desde momentos tempranos hasta la Baja Edad Media.

Puebla norte

El asentamiento medieval del cerro no se limita a la fortaleza que se sitúa en la parte más alta de la peña, sino que comprendía también una puebla que se extendía por el lado oeste y norte, en la vertiente que da al río Ucero. Cuenta con un recinto amurallado que desde el castillo baja hasta el río y que, tras bordear todo el cerro, lo remonta para unirse de nuevo con el castillo que abarca un amplio espectro temporal medieval y apunta a una ocupación temprana y prolongada de esta zona.

El sector excavado corresponde al extremo noreste del recinto de la puebla. Destaca la fortificación del espolón rocoso, al noreste del recinto principal. Parece que las dos pequeñas torres existentes al exterior de la zona excavada podrían pertenecer a época islámica.

En cuanto a los espacios habitacionales de la puebla, se localizaron adosados a la muralla. Adaptados a las muy pronunciadas pendientes, donde la roca aflora en una gran parte del espacio, tan solo era utilizable una franja de terreno paralela a la muralla con una anchura variable entre 4 y 10 m. Se identificaron una serie de restos, que evidencian el uso y adaptación al complicado medio de estructuras domésticas.

Como ocurre en el interior del recinto principal, abundan los orificios para postes y los retalles realizados en la roca para acomodo de estructuras, que posiblemente fueron mixtas de madera y mampostería, y que tenían un uso doméstico o de almacenaje.

En cuanto a su cronología, no se obtuvieron evidencias ya que todas las estructuras fueron completamente arrasadas en varias ocasiones, lo mismo que sus restos y posibles depósitos asociados, lo que supuso una reutilización integral del espacio hasta su base. No obstante, cabe suponer que, si las estructuras defensivas cuentan con una notable antigüedad, llegando al menos al periodo islámico, las primeras estructuras y espacios que se sirvieron de este trabajo en la roca pudieron tener una datación similar.

Los muros de mampostería se localizan al oeste, adosados a la muralla y formando aterrazamientos. Entre todos ellos, destaca un edificio con planta en «L», del extremo oeste, formado por varios espacios intercomunicados, amplios, que conoció posteriores reedificaciones y reformas. Las estructuras positivas, en ocasiones, se relacionaban con retalles de la roca, dando lugar a nivelaciones previas del terreno o a utilizar apoyos de poste.

Como elemento singular, en el ángulo suroeste del edificio, se localizó una letrina elevada sobre un macizo de mampostería, cuyo conducto de desagüe, formado por varias tejas, atraviesa el muro oeste del edificio, evidenciando así un espacio abierto al otro lado.


EL SUPUESTO INCIDENTE DE FERNANDO DE ARAGÓN EN EL CASTILLO DE OSMA: UNA LEYENDA INVENTADA

Puedes leer el desarrollo de este tema en una anterior entrada de este blog: EL PASO DE FERNANDO DE ARAGÓN POR EL BURGO DE OSMA.



 

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