EL ÚLTIMO DUELO (II) | El duelo entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris según las fuentes

EL ÚLTIMO DUELO (II) | El duelo entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris según las fuentes. ¿Qué sucedió realmente en aquel último duelo?

El libro de Eric Jager The Last Duel (2004), publicado como no ficción, es un relato de la historia y del duelo judicial que tuvo lugar en 1386 entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris por la acusación de que Le Gris violó a la esposa de Carrouges. Coincide en este momento (2021) que se acaba de estrenar la película con el mismo nombre dirigida por Ridley Scott cuyo guion es una adapatación bastante fiel del libro de Jager.

Pero, ¿hasta qué punto el relato del duelo entre Carrouges y Le Gris que se cuenta en el libro y en la película es fiel al contenido de las fuentes medievales originales que hacen referencia al incidente? Esto es lo que vamos a ver aquí.

El caso Carrouges-Le Gris fue el último juicio por combate en la jurisdicción del Parlamento de París. Es único entre los duelos judiciales porque hay cinco relatos diferentes contemporáneos, o muy aproximadamente contemporáneos, del combate. Esto es excepcional en el estudio de la historia de las artes marciales medievales (HEMA-Historical European Martial Arts). Si bien hay muchos tratados y costumbres legales que nos dicen cómo debería ser un duelo judicial, tenemos pocas fuentes que describan lo que realmente sucedía cuando la gente entraba en las “listas” (recintos vallados donde se celebraban las justas o combates).

La mayoría de los otros duelos judiciales están documentados solo en los registros judiciales, que indican el resultado de la demanda, pero no nos dicen nada sobre la lucha en sí, si es que hubo alguna. Pero en este caso, cuatro de estos cinco textos fueron escritos por cronistas, mientras que la quinta fuente proviene de las notas del propio abogado de Le Gris. Dos fuentes, incluido el relato del abogado, son probablemente testimonios de testigos presenciales.

En el libro de Jager, el relato del combate cubre trece páginas y constituye el punto culminante de la trama (págs. 166-180). En una primera lectura, parece muy interesante y bien investigado. Sin embargo, los aficionados de las artes marciales medievales deben actuar con cuidado si quieren utilizar esta versión como fuente de información sobre HEMA. Como dice el propio Jager en la nota del autor: “Cuando el registro histórico está en silencio, utilizo mi propia invención para llenar algunos de los vacíos”. A esta afirmación, añadiría que a veces sobrescribe por completo el registro histórico.

¿Qué sucedió realmente en aquel último duelo? ¿Comenzó la batalla con una vigorosa justa que hizo que cada hombre “se inclinara casi hacia atrás sobre la grupa de su caballo” (p. 170)? ¿Hubo una pelea de hachas? ¿Cada caballero mató al caballo del otro? ¿Terminó el duelo en una lucha en tierra con dagas? ¿Carrouges levantó la visera de Le Gris y lo apuñaló en la cara? Las fuentes medievales cuentan una historia diferente.

Aquí están todos los textos que mencionan cómo se libró el duelo Carrouges-Le Gris. Se han mantenido las traducciones tan fieles a los originales como ha sido posible.

CRÓNICA DEL MONJE DE SAINT-DENIS

Esta crónica fue escrita por un monje anónimo, ahora identificado como Michel Pintoin, de la abadía de Saint-Denis, en las afueras de las murallas medievales de París. Actuó como el historiador oficial del rey Carlos VI y a menudo se encontraba al lado de su patrón real. El relato es contemporáneo del duelo y es posible que el cronista haya presenciado el hecho personalmente, ya que el rey también estuvo presente. Incluso si Pintoin no hubiera visto la pelea él mismo, habría podido entrevistar a otros testigos poco después de que sucediera, ya que tenía muchas conexiones en la corte real.

Por lo tanto, con un círculo de innumerable gente en espera, y también el rey y los príncipes dispuestos de acuerdo a la costumbre, con el litigio disputado ante ellos, y habiendo ambos hombres entrado en el lugar acordado para la inminente batalla, junto a los muros de Saint- Martin-des-Champs, estaban a punto de poner a prueba a un cuestionable mártir.

Pues tan pronto como el mariscal dio la señal de ataque mutuo, los dos hombres abandonaron (abigerunt) sus caballos y, con las espadas amenazadoras bajadas, avanzaron a pasos lentos y se enfrentaron con valentía y arrojo. En este primer ataque, el otro hombre [Le Gris] perforó el muslo del señor Jean con su espada. Este golpe le habría servido bien si lo hubiera presionado en la herida del señor; pero, habiéndolo sacado enseguida, brotó la sangre, un espectáculo para la multitud.

Aunque Jean estaba herido, ello aumentó su valor en lugar de su turbación. En este punto, un gran espanto sofocaba a la audiencia. Con la esperanza de no favorecer ni a un hombre ni a otro, las voces y los ánimos se silenciaron.

Entonces Jean, dirigiendo su alma en su fuerza, se acercó y exclamó: “¡Nuestra disputa es juzgada este día!” Con su mano izquierda, agarró la visera del casco de Jacques y atrajo al hombre hacia sí. Retrocediendo un poco, lo arrojó solo al suelo, postrado y lastrado por la pesada armadura. Habiendo hecho eso, sacó su espada y mató a su enemigo con gran dificultad, porque estaba recubierto de armadura.

A pesar de que el hombre derrotado no había renegado de su afirmación cuando el vencedor lo tiró al suelo y le exigió muchas veces que confesara la verdad, se declaró que [Le Gris] fuera arrastrado hasta la horca, como era costumbre en los duelos. (Bellaguet, págs. 464–466)

JEAN LE COQ

La justa entre el señor de Le Trémoille y Peter de Courtenay en las listas de Saint-Martin-des-Champs, imaginada por un ilustrador un siglo después. Biblioteca Británica Harley MS 4379, f. 19v.Jean Le Coq era el abogado del acusado, Jacques Le Gris. Es casi seguro que hubiera sido testigo ocular del duelo, y registró sus observaciones sobre el caso en un cuaderno personal, cuyo texto se ha conservado. En sus páginas enumeró sus argumentos a favor de su cliente, pero también expresó dudas privadas sobre la inocencia de Le Gris.

Por otra parte, tenga en cuenta que las listas fueron hechas por el Gran Consejo a semejanza de las de Gisors, que tienen doscientos años, pero se dijo que no se debería haberse tenido en consideración a esas, porque habían sido hechas para dos hombres. que luchaban a pie y no a caballo. Sin embargo, las listas de Saint Martín eran de medidas distintas de aquellas de Gisors, porque fueron agrandadas previamente antes del acto de armas que se cree que se produjo entre el señor de la Trémoille, señor de Sulliac, y un cierto inglés llamado Señor Peter de Courtenay.

Aquí siguen las [razones de las] presunciones en contra de Jacques Le Gris, que yo y muchos otros teníamos.

… Cuarto, porque después de que el compromiso de combate fuera declarado, él estaba enfermo. Quinto, porque un poco antes de entrar al campo, fue nombrado caballero. Sexto, porque, aunque era el acusado, atacó despiadadamente a su adversario y lo hizo a pie, aunque habría tenido la ventaja si lo hubiera hecho a caballo. Séptimo, porque, a pesar de que Carrouges estaba débil a causa de fiebres, él mismo dijo que ellas lo ayudaron. Octavo, porque la esposa de Carrouges siempre fue constante en decir que el hecho había ocurrido, tanto en el parto como en el día del duelo, al que fue llevada en un carro, pero prontamente devuelta por orden del Rey. Noveno, porque él [Le Gris] habló escasamente a aquellos que presidían cuando estos le hablaron sobre un acuerdo. … (Le Coq, págs. 110-111)

LAS CRÓNICAS DE FROISSART

Una miniatura del siglo XV imagina un llamamiento de batalla ante el rey de Francia. Bibliothèque nationale de France, MS français 2258, f. 2r.Jean Froissart fue contemporáneo de Carrouges y Le Gris. En el momento del duelo, tenía unos cincuenta años y vivía en los Países Bajos. El libro tercero de su crónica, que contiene este relato, se terminó en 1390, menos de cuatro años después de ocurrido el evento. Mientras tanto, Froissart había pasado algún tiempo viajando por Francia. No está claro de dónde obtuvo la información en este pasaje.

Las listas de campo se construyeron en la plaza Sainte-Catherine detrás del Templo. Y había tanta gente allí que era un portento a contemplar. A un lado de las listas había una gran tribuna, para que los señores vieran mejor la batalla de los dos campeones, que llegaron al campo y estaban armados en todos los puntos, cada uno como era adecuado para él. Y cada uno estaba sentado en su silla…

Luego comenzaron, y los dos campeones fueron llevados uno frente al otro, como era propio en tal caso. A continuación montaron en sus caballos y al principio se condujeron de una manera muy disciplinada, pues ambos estaban familiarizados con las armas, como hombres que habían sido sólidamente entrenados. Allí estaban grandes señores de Francia presentes en abundancia, que habían venido a ver la pelea de campeones. De ese modo, los campeones justaron el primer combate, pero nada fue perdido.

Después de sus justas, se dispusieron a pie y en disposición de completar sus hechos de armas, y lucharon valientemente entre sí. Y enseguida resultó herido en el muslo Messire Jean de Carrouges, lo que dio un gran susto a todos aquellos los que le apoyaban.

Sin embargo, se comportó con tanta valentía que derribó a su adversario al suelo. Entonces le clavó una espada en el cuerpo y lo mató en el campo. Luego preguntó si había cumplido bien con su deber y la respuesta fue: Sí. Por tanto, Jacques Le Gris fue entregado al verdugo de París, quien lo arrastró a Montfaucon con un solo caballo, y allí fue ahorcado. (Froissart, págs. 37–38)

JEAN JUVÉNAL DES URSINS

Este cronista nació en 1388, poco después del duelo. Su padre había sido el preboste de los comerciantes en París entre 1389 y 1400, y abogado general del Parlamento de París entre 1400 y 1413. Si bien Jean el Joven no pudo haber visto el duelo él mismo, habría crecido con historias sobre ello y probablemente conociera a algunos testigos presenciales. Su Crónica de Carlos VI data de 1430, cuarenta y cuatro años después del suceso.

Y así las partes fueron llevadas al campo y se hicieron las llamadas de la forma y manera acostumbradas. Y se dice que Carrouges tenía fiebres, y que lo tomaron a esa hora, y así estos campeones lucharon bien y con fiereza, uno contra el otro. Y finalmente Jacques Le Gris cayó. Entonces Carrounges se subió sobre él, espada desenvainada, y le exigió que dijera la verdad. Y respondió que ante Dios, y con el peligro de la condenación de su alma, nunca había cometido el crimen del que se le acusaba. Sin embargo, Carrouges, que creía a su esposa, le clavó la espada en el cuerpo por debajo y lo hizo morir, lo cual fue una gran lástima. (Buchon, pág. 358)

CHRONOGRAPHIA REGUM FRANCORUM

Esta crónica fue compilada entre 1415 y 1529 por más clérigos del monasterio de Saint-Denis. Por lo tanto, está localizado en París, pero fue escrito una generación después del duelo.

En la siguiente festividad de Santo Tomás se entabló un duelo entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris, que fue nombrado caballero tras su entrada al campo, en la plaza que está detrás de Saint-Martin-des-Champs. La causa de este duelo fue porque el caballero Jean y su esposa dijeron que el mismo Jacques había violado a la esposa. Y Jacques negó esto. A pesar de ello, Jacques fue vencido y luego colgado de la horca de París. (Moranvillé, págs. 84-85)

 

El final de un duelo judicial. Bibliothèque nationale de France, MS français 2258, f. 23v.Tendremos que admitir que los relatos medievales no tienen tanto dramatismo como El Último Duelo. Son concisos y apenas contienen diálogos. Sin embargo, está claro que están sustancialmente de acuerdo entre sí. Donde difieren en sus detalles, también es posible ver que algunas versiones de la historia son más confiables que otras. El monje de Saint-Denis y Jean Le Coq, que posiblemente fueran testigos presenciales, son los que más probablemente hayan registrado información precisa sobre la pelea. Froissart vivía en otro reino en ese momento y escuchó la historia más tarde de otras personas. Juvénal des Ursins y el autor de la Chronographia documentaron la forma en que la gente recordaba el evento una generación después. Por lo tanto, no todos los cinco relatos tienen el mismo peso como evidencia.


 

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