
El 19 de octubre de 1469, el príncipe Fernando de Aragón y la princesa Isabel de Castilla se desposaron en Valladolid. Para que ello sucediera Fernando tuvo que hacer un arriesgado viaje de incógnito desde Zaragoza hasta Valladolid, entrando y atravesando el territorio de Castilla, pasando en su trayecto por El Burgo de Osma.
Se trata de un viaje absolutamente novelesco para llevar a cabo una boda clandestina; plagado de engaños, tanto en los preparativos como en su periplo, traiciones, bandos rivales, peligros y aventuras. Y los personajes que lo protagonizan no lo son menos.
Los cronistas cuentan que el viaje de Fernando desde Aragón hasta Valladolid, que realiza de incógnito, está lleno de peripecias, entre las que se encuentran la forma de ocultar su identidad disfrazado de mozo de mulas y de criado, y la piedra que le lanzan a Fernando desde la muralla de El Burgo de Osma. Este es el suceso que nos interesa principalmente y que vamos a tratar aquí.
LOS ANTECEDENTES DEL VIAJE
Desde noviembre de 1468, Pierres de Peralta, Embajador de Juan II de Aragón en Castilla, estrechó relaciones con los más firmes apoyos de la Infanta Isabel: el Arzobispo Carrillo, Gonzalo Chacón, Gutierre de Cárdenas y Gómez Manrique, para mostrar las muchas ventajas de la boda con el Príncipe aragonés. A primeros de 1469 ya estaban en marcha las negociaciones tendentes a formalizar el enlace matrimonial, de tal forma que a principios de febrero en la localidad toledana de Yepes se firmaba el borrador de las capitulaciones, y el mes siguiente en Cervera las definitivas. Tras superar diversos obstáculos y peligros, el 5 de octubre de 1469 salió Fernando de Zaragoza con un séquito de sólo seis personas, entre los que se encuentra Alonso de Palencia, que será protagonista y cronista del viaje.
El mismo Rey de Aragón, Juan II, temía por la vida de su hijo. El viaje a Castilla suponía un grave riesgo, pues Fernando se vería obligado a transitar por señoríos y realengos nada simpatizantes al matrimonio proyectado entre Isabel y Fernando. Parece ser que públicamente Juan II había anunciado que mandaba a Castilla una Embajada con dos legados para tratar diversos asuntos que interesaban a ambos Reinos. Entre los criados, camuflado, va Fernando, Príncipe de Aragón y ya Rey de Sicilia.
Pero los preparativos del viaje habían empezado tiempo antes.
Gutierre de Cárdenas y Alonso de Palencia son enviados como legados de Isabel desde Valladolid a Aragón para traer al novio a Castilla (“salimos con el mayor sigilo en altas horas de la noche, por cuanto la luna esta en su lleno, y apresurando la marcha“).
De camino pasan por el Burgo de Osma buscando el apoyo del obispo de Osma, Pedro García de Montoya. Palencia se entrevista con el obispo descubriendo con disgusto que este personaje se mostraba contrario al enlace de los príncipes, lo mismo que el conde de Medinaceli, que era quien controlaba esa zona fronteriza. Palencia, inteligente y astutamente, consigue engañarle y ocultar el motivo de su comisión.
“[…] dije al Obispo que el Arzobispo me enviaba a Zaragoza para que, si posible fuese, trajera conmigo la dispensa mucho antes concedida por Casixto III, en cuya virtud se permitía al Priícipe de Aragón D. Fernando casarse libre de todo impedimento con doncella parienta suya dentro del tercer grado, porque el Arzobispo deseaba ver la dispensa original para luego con ella preparar la venida y el matrimonio del Príncipe.“
“[…] Pedíle luego encarecidamente que me diese un guía fiel y escogido de sus criados y cartas de recomendación para el alcaide del castillo de Gomara, villa fronteriza de Aragón, para seguridad mía y de mis compañeros, y para que tanto a la ida como al regreso me acogiese amistosa y cortésmente; seguridad y amistad, añadí, que exigía el hecho mismo de traer las bulas, por cuanto el Arzobispo me había ordenado que si lograba alcanzarlas, las sometiese al examen del Obispo.
Inmediatamente escribió las cartas y me dio el guía.“
Este contratiempo obligó a cambiar los planes que habían trazado y solicitaron en secreto al arzobispo de Toledo que en el plazo de diez días enviara trescientas lanzas al Burgo de Osma, en lugar de a la frontera aragonesa como se había planeado en un primer momento. El nuevo propósito consistía en introducir a Fernando en Castilla sin escolta de ningún tipo, y disfrazado.
LAS FUENTES DOCUMENTALES
El viaje llevado a cabo por el príncipe Fernando de Aragón para contraer nupcias con la entonces infanta Isabel de Castilla es relatado por Alonso de Palencia, que forma parte de la comitiva y en el que el cronista estaba presente, en su obra Alphonsi Palentini gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis, denominada habitualmente Décadas, que es una fuente historiográfica fundamental para el conocimiento de los sucesos peninsulares en la segunda mitad del Cuatrocientos.
Esta obra fue traducida al castellano por Antonio Paz y Meliá con el título Crónica de Enrique IV entre 1904 y 1908. Dice este en relación a su título:
Por la brevedad, por ser más conocida por Crónica de Enrique IV la obra de Palencia, y porque, en efecto, los sucesos de este reinado ocupan la mayor parte de ella, adopté este título, no muy exacto, puesto que el autor la dio el de Alphonsi Palentini gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis; por lo que el título exacto debió haber sido: Sucesos de España, recogidos por Alonso de Palencia de los Anales de su tiempo (1440-1477).
Similar relato se puede encontrar en el capítulo XIV de la segunda parte de la obra Crónica castellana, de autor desconocido y datada también a finales del s. XV, donde se narran todas las vicisitudes del viaje y del paso del príncipe Fernando por El Burgo de Osma.
La tercera gran crónica medieval en la que se describe el viaje de Fernando es Memorial de diversas hazañas de Diego de Valera, igualmente de finales del s. XV, donde en su capítulo L se habla De cómo Gutierre de Cárdenas, maestre sala de la señora Princesa doña Isabel, e Alonso de Palencia, cronista, fueron embiaos en Aragon por concordar la venida del Príncipe Don Fernando en estos Reynos, si bien en estos anales no hay referencia al incidente del lanzamiento de la piedra al infante.
Ha habido otros autores que basándose en el mismo texto han glosado la historia del viaje del príncipe Fernando de Aragón. Entre otros podemos citar a:
- Luis Coloma en su obra Fray Francisco (1911).
- William Thomas Walsh en su obra «Isabel de España» (1930).
Por otra parte, hay también otros autores, historiadores y cronistas que hacen referencia al viaje secreto de Fernando de Aragón. Como relata Luis Suárez, biógrafo canónico de Isabel la Católica, “en realidad, el propósito de la comitiva era llegar a Dueñas, cerca de la princesa. Para esquivar a los agentes del rey, tanto Cárdenas como el joven Fernando se disfrazaron de criados para no llamar la atención”.
Dentro del ámbito burguense tenemos una breve obra de 16 páginas editada y publicada en El Burgo de Osma: TEJEDOR CASTILLO, Eutiquio. Ante el centenario de los Reyes Católicos. La villa del Burgo de Osma y Fernando V de Aragón en su viaje de Aragón a Valladolid. Burgo de Osma: Imp. Jiménez 1951. Este texto se encuentra disponible en la Biblioteca Municipal de Soria.
Nota: En cuanto al libro titulado Alphonsi Palentini gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis, atribuido a Alonso de Palencia y traducido al castellano por Paz y Meliá con el título “Crónica de Enrique IV”, en la biblioteca digital de la Junta de Castilla y León se dice: se ha demostrado, en 1993, que no pertenece al repertorio de obras de este autor, por lo que se ha propuesto el título “Crónica anónima de Enrique IV“. Aunque no se ha podido confirmar este hecho, se deja aquí constancia de ello.
LA CRÓNICA DEL PASO DE FERNANDO DE ARAGÓN POR EL BURGO DE OSMA
Tanto las Décadas como las Crónicas castellanas describen de una forma más completa y parecida el paso de Fernando de Aragón por el Burgo de Osma. Alonso de Palencia detalla el viaje de Fernando de Aragón y su paso por El Burgo de Osma, que aconteció en 1469. El relato, que se encuentra en el capítulo III del tomo II de la Crónica de Enrique IV de Paz y Meliá, lo describe así:
Enviamos nosotros delante a Tristán para que, saliendo por otro camino al encuentro del Príncipe, le refiriese todo lo ocurrido; y al acercarnos al Burgo de Osma, hallamos al conde de Treviño detenido entre las puertas cerradas de la villa, e imposibilitado de entrar porque el comisario del Obispo residente a la sazón en Ucero, no le permitía la entrada. Por fin, cuando supo el Conde por nosotros que aguardábamos al Príncipe, logró que el comisario del Obispo le dejase entrar a él y a García Manrique, que había vuelto muy apesadumbrado de Calatayud por otro camino y a Pedro Vaca, a quien seguía yo y la comitiva sin armas, con las mulas y acémilas, y dejando aquella noche la caballería en Osma, ciudad en lo antiguo, hoy pequeño pueblo a orillas del Ucero que viene del Burgo, conservó en su compañía las trompetas.
Ya muy entrada la noche del 7 de octubre llegó el Príncipe, a quien no se aguardaba hasta el día siguiente, y mientras los que con él venían desmayaban, no pudiendo ya resistir la falta de sueño, y entumecidos principalmente con el frío de aquella noche, impropio en los principios de Octubre, él solo, no rendido a la inmensa fatiga de dos días de marcha y de dos noches de vigilia, se aproximó a las puertas, creyendo que los de la villa obedecerían su voluntad; más el que hacía la segunda ronda, ignorante de lo que pasaba, arrojó una gran piedra, con que puso en grave riesgo la vida del Príncipe que junto a la puerta estaba. Desperté yo por el caso de un profundo sueño, y al acercarme a ella casi desnudo por la parte de dentro para advertir a las rondas que no recelasen de la gente que vieren acercarse en busca nuestra, oí el golpe de la piedra, y en altas voces reprendí al centinela y le persuadí a que no rechazase al que allí se aproximaba. Volvió D. Fernando al oir mi voz, y me dijo: -“¿Os será posible, querido Alfonso, acogernos en la villa? porque si bien en nada estimo mi cansancio, impórtame mucho la vida de los que me acompañan, y los veo rendidos de frío y de sueño.” -“Considero peligrosa vuestra entrada, Señor, -respondí; -pero ahora saldremos aceleradamente con el conde de Treviño, y así conviene que retrocedáis y nos aguardéis un instante.”
Al punto llamé al Conde y a los principales caballeros; salimos precipitadamente con gran asombro de los que guardaban las puertas; pero al fin nos despiden de mejor gana que nos acogieran. Manda el Conde traer hachones de cera y quiere ir ante todo a saludar al Príncipe a quien no conocía; muestrosele yo, acercase a besarle la mano, y él corresponde cortésmente a su humildad presentándole la mejilla. Entonces por orden del Conde resuena la trompetería que llena a los de la villa de asombro y de terror a los guardas del próximo castillo, a los cuales con sus gritos de alarma introducen la confusión entre la multitud ignorante del suceso.
Vadeamos nosotros el río y entramos en Osma, donde doscientos hombres de armas del Conde aguardaban en estrechos alojamientos las órdenes de su caudillo. El Príncipe no quiso entregarse al descanso en su lecho, sino que después de despachar cartas para su hermano el Arzobispo y para algunos señores zaragozanos que habían temido los riesgos del viaje, salió de la población a las tres de la madrugada y entró al día siguiente en Gumiel del Mercado que tenía Diego de Rojas, hijo del conde de Castro, D. Fernando de Rojas, juntamente con su madre D.ª Juana Manrique.
Fernando de Castilla no llega siquiera a hacer noche en El Burgo de Osma, sino que se dirige a Osma donde se encontraba aposentada la gente del conde de Treviño. Ya escoltado por las tropas del conde, el día siguiente Fernando continuó viaje hasta Gumiel del Mercado donde le esperaba, entre otros, el propio Arzobispo de Toledo.

LOCALIZACIÓN DEL TORREÓN
El torreón o cubo es la pieza de las murallas en que se cambia la dirección de la misma, y permitía la presencia de un vigía. Las fuentes documentales no hacen referencia a la situación del torreón desde el que se lanzara la piedra que casi impacta en Fernando de Aragón, sino simplemente que este se aproximó a las puertas del recinto y que la piedra puso en grave peligro al príncipe que junto a la puerta estaba.
La muralla medieval de El Burgo de Osma tenía cinco puertas de las que sólo queda la de San Miguel, conocida también como Puerta del Río, entre el puente viejo y la catedral, donde se inicia el tramo de muralla que mejor persiste bordeando el río Ucero por el poniente de la villa. La actual Puerta de San Miguel, no obstante, es del s. XVI, posterior a la edificación de las murallas, y ya no se construye con función defensiva.
Hasta cuatro torreones quedan hoy en los restos de la muralla. El cubo que se encuentra a la derecha de la puerta de San Miguel, integrado actualmente en la propiedad de la Posada del Canónigo, es tradicionalmente considerado como aquel desde el que se produjo el lanzamiento de la histórica piedra.

A falta de mayor información, podemos suponer que llegando desde el este y haciendo referencia a que el grupo de Palencia, que arriba el día antes, deja la caballería en Osma antes de permitirles acceder a la villa, muy probablemente llegarían y entrarían por la puerta principal más próxima a lugar donde dejaban sus caballerías, armas y huestes, esto es, Osma. Y esta puerta no debió ser otra que la Puerta del Río. Esto haría verosímil que fuera desde las almenas de uno de los cubos que flanquean esa puerta desde la que se lanzara la piedra que podría haber costado la vida a Fernando de Aragón.
OTRAS VISITAS Y ESTANCIAS DE FERNANDO DE ARAGÓN EN EL BURGO DE OSMA
El Burgo de Osma se encuentra en el camino entre Valladolid y Aragón pero se presenta sobre todo como una etapa del camino. Desde esta perspectiva hay que tener en cuenta que Isabel viaja más de Norte a Sur que de Oeste a Este, lo que explica las pocas veces que pasa por estas tierras. Es Fernando el que, en sus trayectos entre sus reinos y los de su mujer recorre con más frecuencia ese camino hacia Aragón, que en parte circula por la línea del Duero.
He aquí algunas de las ocasiones registradas por los cronistas de la época del paso de Fernando de Aragón por el Burgo de Osma.
- Inmediatamente después de la muerte del rey el 11 de diciembre de 1474, Isabel se hace proclamar reina en Segovia sin esperar la llegada de su marido, al que avisa después comunicándole el cambio que se había producido en la situación castellana. Fernando, sorprendido por la marcha de los acontecimientos, particularmente por la proclamación de su mujer en su ausencia, decide emprender el camino con pocos acompañantes y bajo otra identidad, para evitar los problemas que pudieran surgir en caso de que sus enemigos llegaran a descubrirle. Es en este recorrido cuando vuelve a tomar contacto con El Burgo de Osma.
Dice Palencia que desde el Burgo de Osma, salió Fernando el 27 de diciembre “a pesar de que la nieve congelada durante la noche nos ofrecía grave obstáculo para caminar. El rey siguió hasta Aranda a costa de algún daño en las acémilas”.
- Será en 1492, tras la entrada en Granada y la firma del decreto de expulsión de los judíos, pero antes de que Cristóbal Colón cruzara el Atlántico, cuando se vea a la real pareja en estas tierras. Una vez culminada la conquista del reino nazarí y resueltos los primeros problemas que suponía su incorporación a Castilla, los reyes vuelven de nuevo a dirigirse a la Corona Aragonesa donde les reclaman varios asuntos.
Desde Aranda, pasando por Burgo de Osma, Ágreda, Tarazona y Borja se dirigen a Zaragoza y de ahí a Lérida para llegar a Barcelona probablemente el 18 de octubre. (RUMEU DE ARMAS, ANTONIO, Itinerario de los Reyes Católicos, 1474-1516, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto Jerónimo Zurita, 1974, pp. 195-199.)
EL SUPUESTO INCIDENTE DE FERNANDO DE ARAGÓN EN EL CASTILLO DE OSMA: UNA LEYENDA INVENTADA
No por haberse reproducido y repetido el relato del paso de Fernando de Aragón por el castillo de Osma por historiadores y blogueros poco rigurosos con las fuentes, en permanente copia unos a otros, hace que este sea cierto. Como ciego guiado por otro ciego caen unos detrás de otros en el mismo error. Se trata de una versión falsa de la historia del paso de Fernando de Aragón por el castillo de Osma que ha llegado a la propia Wikipedia.
Se ha vinculado incorrectamente con el castillo de Osma la falsa “leyenda” que dice que “la noche del 6 de octubre de 1469 el infante Fernando de Aragón buscó refugio en el castillo. Iba de camino a Valladolid para contraer matrimonio en secreto con Isabel de Castilla y paró en Osma. Como Fernando iba disfrazado de mercader, el guardián de la puerta del castillo no le reconoció y le arrojó un dardo de ballesta que a punto estuvo de alcanzarlo“.
Para desmontar esta versión de la historia basten los siguientes argumentos:
1. Don Pedro García de Montoya, Obispo de Osma, había rodeado en 1458 la villa de El Burgo con murallas y cubos para su protección y también hizo una contramuralla en Osma. Por lo tanto, El Burgo de Osma disponía de un recinto amurallado en la fecha del suceso, era sede del obispado y de la residencia del Obispo, y núcleo de población con todos los servicios. Por el contrario, el castillo de Osma se trataba de un sobrio recinto militar con una guarnición de soldados. No sería lógico que un grupo de mercaderes llamara a las puertas del castillo.

2. Será en El Burgo de Osma donde Fernando de Aragón dejará de ir de incógnito una vez obtiene la escolta de los trescientos hombres de armas del conde de Treviño para continuar el viaje, por lo que no necesitará proteger desde ese momento su identidad ni una protección militar adicional para defenderse de los partidarios rivales.
3. En ninguna de las crónicas de la época se hace referencia a un intento de acceso del príncipe Fernando de Aragón al castillo de Osma. Por el contrario, siempre identifica con precisión cuándo se refiere a la ciudad de Osma y cuándo a la villa de El Burgo de Osma.
4. Las crónicas dicen clara y expresamente que es El Burgo de Osma el lugar donde el comisario del Obispo permite finalmente la entrada de la comitiva y donde pernocta Alonso de Palencia, así como indica que Fernando se acerca a las puertas de la villa, que no puede ser otra que la de El Burgo de Osma.
5. Se hace una referencia en las crónicas al sobresalto y terror que causa en los guardas “del próximo castillo”, que no puede ser otro que el castillo de Osma, al escuchar el resonar de las trompetas.
No hay, entonces, argumentos historiográficos para afirmar que Fernando de Aragón acudiera al castillo de Osma y, por tanto, que fuera verídico el incidente del virote.
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