Eusebio: la novela olvidada que fue un bestseller del siglo XVIII

Eusebio: la novela olvidada que fue un bestseller del siglo XVIII

Corría el año 1786 cuando un exjesuita alicantino, exiliado en Italia tras el decreto de expulsión de Carlos III, publicaba en Madrid una novela que pocos recuerdan hoy pero que en su época se convirtió en un fenómeno de ventas sin precedentes: 70.000 ejemplares vendidos, una cifra que ni las obras más populares de nuestros días alcanzarían con facilidad.

Su autor, Pedro Montengón, no es un nombre que suene en las estanterías actuales de literatura española. Y sin embargo, la crítica no ha dudado en compararlo con uno de los pensadores más influyentes de la Ilustración: llegó a ser llamado “el Rousseau español”, y su novela más ambiciosa, Eusebio, ha sido descrita como “el Emilio español”, en clara deuda con el tratado pedagógico del ginebrino.

¿Qué tiene esta historia —la de un niño náufrago criado por cuáqueros en Norteamérica, educado en la virtud estoica y lanzado después a un periplo por Inglaterra, Francia y España— para haber cautivado de tal manera a los lectores del siglo XVIII? ¿Y por qué, pese a su éxito, terminó denunciada ante la Inquisición?

En este artículo repasamos la vida de un autor que vivió el exilio, la reinvención y una segunda expulsión de su propio país, hacemos referencia a las ideas pedagógicas de Eusebio y descubrimos por qué esta novela, hoy prácticamente olvidada, merece un lugar en la historia de la literatura española como puente entre el enciclopedismo ilustrado y las primeras sensibilidades prerrománticas.


LA FIGURA DE PEDRO MONTENGÓN

Un autor forjado en el exilio

Para entender Eusebio hay que entender primero a su autor. Pedro Montengón y Paret nació en Alicante en 1745 y murió en Nápoles en 1824. Su vida estuvo marcada por el exilio y las tensiones religioso-políticas de la época. Hijo de una familia de comerciantes de origen francés, y con apenas catorce años ingresó como novicio en la Compañía de Jesús por deseo expreso de sus padres. Fue profesor de gramática en el colegio jesuita de Onteniente (Valencia) cuando, en la Pragmática Sanción del 2 de abril de 1767, Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de todos los territorios de la Corona española.

Lo curioso —y esto suele pasarse por alto— es que el decreto no afectaba a los novicios como él. Montengón podría haberse quedado. No lo hizo, y según sus propios escritos, no fue por fidelidad religiosa, sino porque un comisario real ignoró sus súplicas para permanecer en España. Se embarcó junto a sus hermanos de orden rumbo a Italia, y ese exilio forzado —Ferrara, Venecia, Génova, Nápoles— marcaría el resto de su vida y, de forma decisiva, su obra literaria.

En Italia, en 1769, solicitó la secularización y cuando la Compañía de Jesús fue disuelta oficialmente en 1773, contrajo matrimonio y comenzó a escribir. Y no sin polémica: sus primeras sátiras contra la enseñanza aristotélica de los jesuitas le costaron ser acusado casi de hereje por sus antiguos compañeros de orden. El hombre que después escribiría sobre la búsqueda de la felicidad y la virtud natural había empezado su carrera literaria, irónicamente, siendo perseguido por sus propios maestros.

Regresó a España en 1800, estableciéndose en Madrid, donde trabajó como secretario del duque de Alcañices, ocupándose de la administración de su patrimonio. No obstante, un nuevo decreto de expulsión promulgado por Carlos IV en 1801 le forzó a abandonar España de nuevo, esta vez definitivamente, y regresó a Nápoles, ciudad en la que permaneció hasta su muerte en 1824.

El exjesuita Pedro Montengón destacó como uno de los novelistas más influyentes de la España del siglo XVIII, centrando sus obras narrativas en la educación ilustrada, la moral estoica y el didactismo. Sus escritos abordan ejes temáticos como el modelo pedagógico basado en la razón, la función social de la mujer y el contraste entre la vida urbana y la pureza rural.

Perfil intelectual y estilo

Ilustración de Eusebio (1786-1788), de Pedro Montengón

Se trata de un autor de transición: formado en la tradición jesuita e ilustrada, pero permeable a las corrientes prerrománticas europeas (especialmente Rousseau y el sentimentalismo francés), que intentó modernizar la novela española introduciendo tanto la novela pedagógica como la histórica, con Eusebio como su aportación más perdurable, a pesar de los problemas que le causó con la censura eclesiástica de su tiempo.

Es descrito como un hombre de amplia erudición, buen conocedor de las corrientes literarias e intelectuales francesas de su tiempo. Precisamente por esa formación cosmopolita y sus largas estancias fuera de España, su prosa se ve lastrada por continuos galicismos e italianismos e incluso por una cierta pérdida del “genio de la lengua” castellana.

Producción literaria

Su obra abarca varios géneros:

  • Poesía lírica: recogida en tres volúmenes titulados Odas, publicados en Ferrara entre 1776 y 1779 bajo el pseudónimo de Filopatro. Son composiciones de corte neoclásico, resultado más de su erudición que de una inspiración genuina.
  • Sátiras en latín.
  • Poemas épicos de temática nacional, basados en la historia y tradiciones españolas: La pérdida de España por el rey Don Rodrigo, La pérdida de España reparada por el rey Pelayo y La conquista de Méjico por Hernán Cortés, los tres publicados en Nápoles en 1820.
  • Traducciones: vertió al español los poemas célticos Fingal y Temora (1800), que se atribuyen a  Ossián, aunque en realidad compuestos por James Macpherson, y varias tragedias de Sófocles (1820).

Las novelas: su legado principal.

Cinco novelas constituyen la parte más relevante de su producción. Montengón era consciente de la debilidad de la novela española de su tiempo y buscó renovarla, con resultados desiguales:

  1. Eusebio (1786-1788, cuatro volúmenes) — Su primera novela cronológicamente y, según la biografía, su obra más notable, considerada la máxima representación del enciclopedismo español dentro del género novelesco. Inspirada en el Emilio o De la educación de Rousseau, narra la búsqueda de la paz y la felicidad de un hombre “natural” en la América cuáquera, combinando sentimentalismo, sensibilidad paisajística y diálogos de ideas con una descripción costumbrista, histórica y de creencias de tipo enciclopédico. Tuvo un éxito enorme tras su publicación, pero su heterodoxia religiosa y tolerancia en materia de fe le costaron una denuncia de la Inquisición en 1799 (acusada de contener proposiciones anticristianas). Montengón se vio obligado a publicar una versión corregida en 1807-1808.
  2. El Antenor (1788) — Sobre los orígenes míticos de Padua y Venecia; considerada, junto con Rodrigo, una de las dos primeras novelas históricas españolas.
  3. Rodrigo (1793) — Sobre la derrota del rey don Rodrigo y la pérdida de España; la otra “primera novela histórica española” según el artículo.
  4. Eudoxia, hija de Belisario (1793) — Novela centrada en la educación de la mujer, tomando como referencia la obra Belisario (1767) del francés Jean-François Marmontel. Combina narración histórica con un sentimentalismo prerromántico —aunque atenuado—, dirigida aparentemente a un público femenino.
  5. Mirtilo o Los pastores trashumantes (1795) — Un intento, calificado por el artículo como “no siempre afortunado”, de recuperar el género de la novela pastoril, ya en decadencia para la época.

EUSEBIO (1786-1788), DE PEDRO MONTENGÓN

Eusebio, escrita entre los años 1786 y 1788, es una novela pedagógica en cuatro partes (cada una compuesta de cinco libros), considerada la obra maestra de Montengón y, por su temática y planteamiento, apodada por la crítica “el Emilio español”, en clara relación con el Emilio, o De la educación de Rousseau. Tuvo un éxito extraordinario en su época, llegando a vender 70.000 ejemplares según recogen las ediciones críticas.

Hay épica, hay humor, diálogos filosóficos y magníficas descripciones. Montengón, en su deseo de abarcarlo todo, las aventuras, las máximas pedagógicas, las descripciones de los distintos paisajes y tipos humanos, escribe una novela de enormes proporciones que resulta difícilmente clasificable.

El autor prologa la obra y proclama, desde las primeras líneas, sus intenciones: «El hombre es el objeto de este libro: las costumbres y las virtudes morales son el cimiento de su religión. Católico, la tuya es sola la verdadera, sublime y divina; más tú no eres solo en la tierra y el Eusebio está escrito para que sea útil a todos».

Argumento

Primera parte — La infancia en América

Ilustración de Eusebio, Edición 1840, de Pedro Montengón

Eusebio es un niño de seis años que sobrevive a un naufragio en la costa de Norteamérica. Es rescatado y adoptado por un matrimonio de cuáqueros, comunidad que le proporciona una educación basada en la sencillez, la virtud y el trabajo manual. Bajo la tutela del personaje Hardyl, aprende el oficio de cestero y se forma en la filosofía estoica de Epicteto, asentando su carácter sobre la humildad y la austeridad como fundamento de una vida virtuosa.

Segunda parte — El viaje a Europa: Inglaterra

Ya adulto y prometido con Leocadia, Eusebio viaja a Europa junto a Hardyl. En Inglaterra son víctimas de un robo que los devuelve a la pobreza, obligándolos de nuevo a ejercer de cesteros. Eusebio sufre una prisión injusta, de la que le alivia la lectura de Séneca y de la que finalmente le libera John Bridge. A lo largo de esta parte resiste la tentación de mujeres seductoras, y una representación de Hamlet, junto con otros episodios, sirve de pretexto para que el autor comente —con mirada neoclásica— las costumbres de la sociedad inglesa; un duelo, en concreto, da pie a una reflexión sobre el atraso cultural de España.

Tercera parte — París y el regreso a España

Eusebio. Grabado de Mariano Brandi por dibujo de José Ximeno, ilustración para la edición de Antonio Sancha de la obra de Pedro Montengón (1786–1788).

De Londres, Eusebio y Hardyl pasan a París, donde socorren a Adelaida, raptada por un libertino, y desenmascaran a un falso ciego que engañaba con su supuesta ceguera. Un noble inglés, Lord Som…, pone a prueba la fidelidad de Eusebio hacia Leocadia; esta muere y le lega su fortuna, con la que Eusebio ayuda a Towsend. Descubren también la superchería de un falso fantasma. Emprenden después viaje a España para reclamar una herencia de Eusebio, pero son secuestrados por unos montañeses hugonotes, de cuyo cautiverio los libera el capitán David Cabalier.

Ya en España, Eusebio y sus compañeros son testigos críticos de la realidad del país: malos caminos, predicadores pedantes, precios elevados y universidades estériles —una mirada reformista muy propia del pensamiento ilustrado. Presencian también un lance de honor en el que un padre termina aceptando al pretendiente enamorado de su hija, liberándola así del convento al que estaba destinada. Un accidente provoca la muerte de Hardyl, quien revela en su último momento que era, en realidad, tío carnal de Eusebio.

Cuarta parte — Madurez, matrimonio y desenlace

Eusebio aprende del pastor Eumeno su propia historia familiar y se dedica al estudio de la literatura española, hasta que una carta de Leocadia le recuerda su compromiso matrimonial. La pareja se casa finalmente en América, en una escena cargada de emoción, y Eusebio inicia una nueva vida: redacta sus memorias, educa con esmero a su hijo (a quien confía a una granjera) y disfruta de una existencia serena.

Una carta procedente de España les anima a regresar, pero allí son denunciados por un hermanastro de Leocadia, lo que les hace perder todos sus bienes. Reducidos a la miseria, se hospedan con una anciana necesitada y Eusebio retoma su antiguo oficio de cestero para sobrevivir. Finalmente, Lord Harrington les ayuda a regresar a América, donde la novela concluye con el reencuentro de Eusebio y Leocadia con sus seres queridos.

Significado de la obra

Eusebio es, ante todo, una novela de formación que expone el ideario pedagógico de Montengón: la educación natural, la virtud estoica, la austeridad y el trabajo como camino hacia la felicidad, en diálogo directo con las ideas de Rousseau (aunque con matices propios, como se aprecia en su siguiente novela, Eudoxia, donde defiende posturas distintas sobre la educación femenina). La obra combina el relato de aventuras y viajes con largos pasajes de reflexión filosófica, crítica social y observación de costumbres —marcas propias del enciclopedismo ilustrado—, envueltos en un tono cada vez más sentimental que anticipa el prerromanticismo.

Su heterodoxia en materia religiosa (la simpatía hacia los cuáqueros y cierta tolerancia de fondo) le costó ser denunciada ante la Inquisición en 1799, lo que obligó a Montengón a reescribir y publicar una edición corregida en 1807-1808.


EUSEBIO Y LA CENSURA

La relación de Pedro Montengón con el aparato censor de la España dieciochesca y de principios del siglo XIX ilustra perfectamente el choque entre el reformismo pedagógico ilustrado y el conservadurismo teológico de la época.

La censura que aplicó la Inquisición se constituyó como un factor determinante que alteró sustancialmente la estructura, el contenido ideológico y la publicación de las obras de Pedro Montengón, especialmente su obra cumbre, Eusebio.

1. Modificaciones forzadas y pérdida de coherencia estructural

Conceptos diferentes a los estrictamente religiosos conforman la moral europea del XVIII. La exposición de su pensamiento ilustrado le acarreó a Montengón serios problemas con la censura. Estas dificultades tuvieron dos consecuencias directas en la edición de Eusebio:

  • En la primera edición: El autor se vio obligado a ir introduciendo cambios drásticos de manera apresurada en las dos últimas partes de la obra a medida que se publicaban. Esto terminó por desequilibrarla y perjudicar su coherencia ideológica.
  • En la segunda edición: La presión de los censores dio como resultado una versión sustancialmente distinta a la planeada originalmente. Por este motivo, la primera edición debe considerarse la más fiel a la verdadera intención del escritor.

2. Prohibición de la obra y sus efectos

Aunque la novela gozó inicialmente de un gran éxito comercial y de público en su primera impresión, la marea política y religiosa cambió drásticamente tras el estallido de la Revolución Francesa, endureciéndose los controles estatales e inquisitoriales.

  • La condena oficial: La censura terminó prohibiendo formalmente la novela en el año 1803. La obra fue incluida en los índices y suplementos de libros prohibidos por amenazar la fe y las buenas costumbres.
  • La réplica de Montengón: Ante este bloqueo, destaca la existencia de un escrito titulado Examen analítico de la censura de N. sobre el «Eusebio». Aunque apareció de forma anónima, la crítica académica se lo atribuye firmemente a Montengón.
    En este texto de réplica, el novelista salía en defensa de su producción frente a las objeciones del censor. Argumentaba teóricamente la pertinencia de utilizar el relato novelesco con fines pedagógicos y morales, apelando a la necesidad de «endulzar los bordes de la copa en que se le propinaban los saludables preceptos de la enseñanza moral» para poder transmitir verdades al ser humano de forma atractiva.
  • La edición “corregida” (1807-1808): Para rescatar comercial y literariamente su creación, el propio Montengón tuvo que someterse al dictado del Santo Oficio y reescribir o mutilar numerosos pasajes. Esto dio pie a la publicación de una versión expurgada en 1807-1808. En esta edición corregida se diluyeron las críticas soterradas a la educación eclesiástica tradicional y se añadieron justificaciones explícitas sobre la necesidad de los dogmas católicos para subsanar los “deslices” de la versión original.

3. La paradoja de la censura

La censura no acabó con la difusión de Eusebio. Pese a la intervención inquisitorial, la obra tuvo una enorme difusión. En una carta de Montengón a su editor, de 3 de diciembre de 1800, se habla de 60.000 ejemplares vendidos.


DESCARGA

Para quienes quieran conocer Eusebio de primera mano, la obra completa —en la edición basada en la de Antonio Sancha de 1786–1788— se pone a disposición en PDF y ePub de forma gratuita. Una novela de dominio público que no debe quedar fuera del alcance de nadie.

EUSEBIO, Historia sacada de las memorias que dejó él mismo, por Pedro Montengón (en cuatro partes)
Edición digital basada en la de Madrid, Antonio Sancha, 1786–1788, cotejada con las ediciones críticas de Fernando García Lara (Editora Nacional, 1984; Cátedra, 1998).

 


«Los vicios mismos son rudos, por decirlo así, en sus principios ninguno nace malvado. Mas a fuerza de ejercitarse el hombre en el mal, va contrayendo la costumbre de ser malo, luego perverso, inicuo, monstruo.»
Pedro Montengón. Eusebio, Parte primera, Libro tercero.


REFERENCIAS [consultadas el 22 de septiembre de 2026]


 

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