
Todavía se conservan cruces de hierro fundido como cabecera de sepulturas en muchos de los cementerios españoles. Se trata de testimonios de antigüedad y también de belleza. Este tipo de ornamento funerario se extendió a partir de finales del siglo XIX principalmente en los territorios de la España septentrional, destacando por su abundancia en las provincias de Soria, Logroño, Navarra, Asturias y Zaragoza. En el cementerio parroquial de La Olmeda (Soria) todavía se conservan numerosos ejemplos de estas cruces de cabecera de hierro fundido o colado.
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