Jun 29

Memoria de la capellanía fundada por Gaspar Delgado en 1568 en la Iglesia Parroquial de La Olmeda (Soria)


Memoria histórica y documental de la capellanía fundada por D. Gaspar Delgado en 1568 en la Iglesia Parroquial de La Olmeda (Soria):
desde su creación hasta su extinción

D. Gaspar Delgado, mencionado en las fuentes unas veces como Bachiller y otras como Licenciado, “cura que fue” de la Iglesia Parroquial de La Olmeda (Soria), instituye en 1568 una capellanía en esta iglesia parroquial. Su creación forma parte del entramado de fundaciones piadosas que tejieron el paisaje religioso y social del Antiguo Régimen desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII.

A falta de disponer de la escritura fundacional y de su libro particular de administración, se pueden encontrar de forma fragmentada múltiples vestigios y referencias a la capellanía de Gaspar Delgado dispersos en distintas fuentes documentales que abarcan cuatro siglos: desde las fuentes más antiguas datadas en los últimos años del S. XVI, pasando por los litigios de sucesión y administración que la afectaron durante el S. XVIII, hasta las alusiones más recientes que, de forma indirecta, quedaron registradas en publicaciones ya del S. XX, lo que demuestra la longevidad de esta institución.

Este artículo propone seguir la pista de esta fundación eclesiástica —casi borrada del presente— a través de sus rastros documentales históricos, hasta llegar a las últimas y más recientes normas episcopales en materia de extinción de capellanías que le afectan y que, probablemente, la extinguen. En este recorrido se explorarán los documentos que dan testimonio y dejan memoria de su existencia a lo largo del tiempo.

Para un mejor conocimiento y comprensión del concepto de capellanía se puede acudir a un artículo anterior al respecto publicado en este mismo blog aunque, de forma resumida, podemos decir que las capellanías eran fundaciones de carácter perpetuo que llevaban aparejada la obligación de celebrar un determinado número de misas u otras cargas espirituales, en el tiempo, forma y lugar establecidos por su fundador. Para ello, este destinaba parte de sus bienes —separándolos de su patrimonio personal— al sostenimiento del clérigo encargado (el capellán), quien asumía el compromiso de oficiar los actos litúrgicos estipulados, generalmente en una capilla concreta y por el alma del fundador y, en muchos casos, también de sus familiares. Continue reading